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Arturo Miranda Montero

Él dice que estamos en el prólogo. Y como escribe su propia versión de la historia, muchos capítulos nos faltan. No hay, por tanto, obra; apenas sí algo del autor.

De la palabrería que nos ha llovido, tenemos un semblante de Él. Estamos en sus cien días y todos sabemos que son cien veces él. Todo en México gira en torno de él.

Así como las otras vertientes políticas fueron arrasadas por el tsunami político del año 18, así mismo las instituciones provenientes de la transición a la democracia se han venido apachurrando. Y ha sido por obra, gracia y mando de él.

Hora que no debiera haber sorprendidos. Era manifiesta su aversión a lo existente. Pero de eso al borrón de la estructura republicana, lo visto y oído asombran.

Que los gobernadores se quejen de abucheos orquestados no demuestra sino frivolidad. Ni modo que no supieran sus propias prácticas acarreadoras de aplausos, porras y matracas. Lo importante es que no han sabio o querido (no están educados en la democracia republicana) imponer la soberanía estatal. Basta ver cómo tratan a sus ayuntamientos. Por cierto, base constitucional de todo el sistema de gobierno mexicano y del que él ni una sola mención le ha merecido.

La élite que arribó al poder de forma mayoritaria quiere un presidencialismo desde el que gire absolutamente todo. Ni organizaciones fuera del gobierno, ni estados y mucho menos ayuntamientos. La vida política institucional ha de ser vertical y desde las alturas (se barre de arriba abajo, sentenció).

No estamos ante una reconstrucción republicana dibujada en las constituciones, el prólogo dibuja la pugna de los padrones clientelares, esos que sirven para abuchear, recibir dádivas y votar.

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