23 noviembre, 2020

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Robótica

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Enrique R. Soriano Valencia

La robótica es una especialidad de la informática. Apenas en 1992, el entonces DRAE, hoy Diccionario de la lengua española, DLE , incorporó esa palabra. La define como: «Técnica que aplica la informática al diseño y empleo de aparatos que, en sustitución de personas, realizan operaciones o trabajos, por lo general en instalaciones industriales». Esa voz procede de la palabra robot, incluida a su vez en el diccionario oficial en 1970, con el sentido de: «1. m. Máquina o ingenio electrónico programable, capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas. // 2. m. robot que imita la figura y los movimientos de un ser animado. 3. m. Persona que actúa de manera mecánica o sin emociones. 4. m. Inform. Programa que explora automáticamente la red para encontrar información».

Los hablantes son los que forjan su idioma. Cuando aparece una voz y satisface las necesidades de la sociedad, de inmediato se adopta. De lo contrario, simplemente no se presta atención y se relega. Es el caso de autómata, que en nuestro idioma pudo haberse usado en vez de robot.

El fenómeno de incorporar palabras es local. Un grupo adoptaba ciertos vocablos y así construye una lengua diferenciada de otras. Pero uno de sus vocablos podría satisfacer a otros grupos. Es el caso de robot y robótica: palabras incorporadas a la mayoría de los idiomas.

Robot, con el sentido moderno, fue usada por primera vez por el dramaturgo checo Carel Kapel en su novela R.U.R., publicada en 1920. Se trata de una historia de ciencia ficción, donde una supuesta compañía del futuro —llamada Robots Universal Rossum— se dedica a fabricar seres para trabajos forzados. La característica de esas máquinas es que tenían forma humana, pero carecía de conciencia. Kapel tomó el vocablo robota del checo, que significa trabajador forzado o esclavo y lo aplicó a los artefactos. En la historia, la maquinaria autómata debía obedecer ciegamente a sus dueños. El propósito de esos mecanismos es que respondan a una programación determinada de forma absolutamente fiel. La palabra gustó y tanto novelistas como cuentistas empezaron a echar mano de ella para definir a esa mezcla tecnológica humanoide entre sistemas motores y procesador de datos.

Fue Isaac Asimov —científico, divulgador, novelista, ensayista ucraniano, nacionalizado norteamericano— quien forjó el término robótica para referirse a todas las actividades relacionadas en el diseño, producción, operación y mantenimiento de los robots. El concepto previsto por Asimov hoy es una realidad en la tecnología, además de una especialidad profesional.

Robot es una de las pocas palabras admitidas que se pluraliza solo agregando S al término, sin una vocal intermedia entre las consonantes finales: robots.

Dudo, sinceramente, que alguien cree sistemas tan complejos que se cuele una programación diferente a la prevista, como describen los relatos de ciencia ficción. Jamás serán una amenaza los robots. Siempre estarán al servicio del hombre, como sus parientes lejanos, la maquinaria. Ningún instrumento del hombre es malo o negativo; su uso inadecuado o programación inadecuada es lo que amenaza. Pero eso pertenece a las debilidades del ser humano.

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