30 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Sálvese quien pueda

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Miguel Alonso Raya

Sin una planeación adecuada, enfrentando la resistencia de varios gobernadores e incluso de la mayoría de los municipios de la “Esperanza”, el presidente de la República está decidido a impulsar la “nueva normalidad” poniendo oídos sordos a las recomendaciones de las autoridades sanitarias de su propio gabinete y de organismos internacionales de salud que sostienen que en México aún no hay condiciones para romper el confinamiento y advierten de los riesgos de una segunda ola de contagios y decesos por una apertura apresurada.

Es evidente que hay una contradicción entre la decisión del Ejecutivo y la posición  de la Secretaría de Salud. Pero el presidente impone su voluntad, al grado que está forzando a los gobernadores de su partido, particularmente a la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, a reabrir actividades cuando la capital del país, especialmente la Zona Metropolitana del Valle de México, es una de las regiones donde la pandemia está más agresiva y no cede.

El problema es que las declaraciones, a veces encontradas, entre las autoridades sanitarias y los gobernantes están enviando un mensaje confuso a la población que ya está rompiendo el confinamiento en forma masiva, en gran parte por necesidad económica para llevar algo de comer a la familia; en tanto que las pequeñas y medianas empresas están reabriendo porque están a límite de la quiebra.

La Organización Mundial de la Salud pidió a los gobiernos de América Latina, que en este momento es el centro de la pandemia, no emitir este tipo de mensajes y decisiones confusas y especialmente advirtió que en México no hay condiciones para la reapertura. El organismo remarcó que el país “sigue en una situación realmente difícil”.

“Los ciudadanos se sienten confundidos si escuchan diferentes mensajes y hay que garantizar que tengan la mejor información posible para protegerse así mismos, a sus seres querido y a sus comunidades”, demandó la OMS.

Sin embargo, Andrés Manuel ya está en campaña rumbo a las elecciones del próximo año, pensando en cómo mejorar la percepción de su gobierno e inclinar la balanza en favor de Morena; y ahora más que nunca dejó de atender las recomendaciones del Dr. López-Gatell, mucho menos a las de los organismos internacionales.

No hay, es cierto, ninguna novedad en la conducta del presidente. Desde el principio de la pandemia minimizó el impacto del COVID-19, y hoy, con más de 17 mil decesos y más de 150 mil contagiados confirmados, y con miles de casos de contagios diarios; sigue recurriendo a sus creencias y dictados morales como principales remedios para combatir la emergencia sanitaria.

El decálogo que presentó para superar la pandemia e iniciar la “nueva normalidad”, dista en mucho de las recomendaciones científicas. Pero lo más grave es que, prácticamente, se deshace de su responsabilidad como Jefe De Estado y deja a su suerte a la gente. Es, en los hechos, un “sálvese quien pueda”.

Frente a la urgente necesidad de reconstruir la política pública de salud, destinar más presupuesto al sector, rehabilitar y aprovisionar los hospitales, invertir más en la ciencia, educación, formación de médicos especialistas; impulsar el empleo y un salario digno para que los trabajadores tengan una mejor calidad de vida, y apoyar a los desempleados; el presidente pide a la gente “actuar con optimismo”, “dar la espalda al egoísmo”, “no dejarse envolver en lo material”, “gozar del sol, del cielo, del aire puro”, y a “buscar el camino de la espiritualidad”.

Eso explica, sin lugar a dudas, por qué México es el séptimo país que más casos diarios reporta de COVID-19 y el tercero en fallecimientos por jornada.

Con el decálogo presidencial, la muy probable segunda ola de contagios encontrará al país con los trabajadores de la salud agotados, con un alto desgaste físico y emocional y sin los insumos necesarios, de calidad y suficientes para poder seguir en el frente de batalla; tratando de salvar el mayor número de vidas que sea posible, pero rebasados por la pandemia y los hospitales colapsados.

El Consejo de Salubridad General tomó la decisión de decretar la “Emergencia Sanitaria” y es a este órgano al que le corresponde tomar la decisión de dónde, cuándo y con qué gradualidad y recomendaciones se lleva a cabo la transición a la llamada “nueva normalidad”.

Con la salud debemos ser extremadamente cuidadosos. La presión económica es fuerte, pero hay salidas, todo depende de que también haya voluntad política, pues con decisión y pensando en los trabajadores y sus familias, se puede decretar la creación del Seguro de Desempleo Temporal para apoyar con 5 mil pesos mensuales a los miles o millones de desempleados. La otra salida, por la que está optando el presidente, es dejar que cada quién se “rasque con sus propias uñas”.

La encrucijada de la 4T está entre fortalecer las medidas de mitigación apoyando con recursos a los más necesitados o cambiar el color del semáforo sin que se cumplan los parámetros que el mismo gobierno estableció y permitir, prácticamente exhortar a que todo mundo, a que vaya dejando el confinamiento y se incorpore a la vida “normal”, corriendo cada quien su propio riesgo, de contagiarse o no y salir adelante o morir en el intento.

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