Semana Santa y la pandemia

Colaboradores

Jeremías Ramírez Vasillas


La próxima semana se inicia la llamada Semana Mayor, en la que se celebra en casi todo el mundo diversos actos religiosos y escenificaciones de la pasión de Cristo.

            Hace un mes el mundo se preparaba para esta semana: unos para irse de vacaciones; otros para participar en eventos religiosos. De pronto, un personaje no invitado irrumpió en escena y aunque nadie lo puede ver (salvo los científicos a través de potentes microscopios), ha alterado todo: adiós vacaciones, adiós celebraciones religiosas y adiós actividades rutinarias. Las calles y los lugares públicos vacíos son un indicio de un espíritu festivo apagado y quizá, por primera vez, este enemigo invisible está obligando a no creyentes como creyentes a pasar un largo periodo de recogimiento y de reflexión para encontrar nuevas bases para la vida post pandémica.
            Ahora bien, este pequeño enemigo ha propagado un miedo que se ha trastocado, en muchos casos, en pánico; un pánico difícil de acallar estando encerrados en su casas pues impide el refugio social y religioso. Algunos creyentes sentirán que Dios los ha abandonado; los no creyentes, que el mundo se les cae encima, y muchos otros, como en México, andan como si nada estuviera pasando.
            Sin embargo, son estos momentos de zozobra los que abren la oportunidad de que revisemos nuestras vidas y pongamos en orden nuestros hábitos y nuestras ideas a través del análisis a fondo de nuestras creencias y buscar bases firmes.
Los creyentes deberán revisar si su fe es producto de la costumbre y la tradición o si tiene un fundamento mucho más sólido, más apegado a las fuentes originales, muchas veces desconocidas. La Biblia es, en muchos casos, objeto de adoración, pero no de lectura. Los no creyentes, igual: ¿Lo que creen es lo correcto? ¿Dios no existe? ¿Y si existe, cómo es, dónde está, como entra uno en relación con él? Si están llenos de pánico esto indica que sus dioses les han fallados, llámese ciencia, dinero, poder, influencias, grupos de meditación, etc.
            Repito, el hecho de que estemos hundidos en el miedo indica que nuestras creencias no aguantaron el peso de la pandemia. ¿Quién podrá salvarnos? Es el grito silencioso de muchas personas.
            Cabe señalar que este fenómeno cataclísmico no es nuevo: la historia nos muestra que la humanidad los ha vivido en otras épocas en los que terremotos inundaciones, pandemias como la Peste, entre otras, han puesto en jaque a la humanidad. Ya lo decía el rey Salomón: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará, pues nada hay nuevo debajo del sol” (Ec. 1:9).
            Quizá en estos momentos muchos sientan el deseo de acercarse al cristianismo (que no es lo mismo que a una iglesia cristiana) y encuentran muy difícil aceptar la figura de Cristo, sobre todo por la enorme cantidad de mitos que se han creado al respecto.
            El fin de año, en mi visita obliga a la ciudad de México y a mi infaltable recorrido por sus librerías, me encontré un libro que me llamó la atención: El caso de Cristo, escrito por Lee Strobel, un periodista norteamericano ateo. ¿Analizar a Cristo bajo la lupa judicial?, me pregunté. Sí, esa fue la estrategia del señor Strobel, pues quería saber si Cristo era un mito o era real. ¿Cuál era su interés? Su esposa se había convertido al cristianismo y quería saber qué tan fiable era dar ese brinco de fe, o si de plano su matrimonio estaba sentenciado a muerte.
            Su estrategia fue, primero, leer la Biblia. Luego, hizo una lista de preguntas tanto suyas como de los detractores del cristianismo. Después buscó saber quiénes eran los eruditos bíblicos más prestigiosos en diversas especialidades, tanto en historia, arqueología, lingüística, etc., algunos de ellos con abultados currículums, publicaciones con un conocimiento mucho más profundo que un simple feligrés de domingo. Finalmente, entrevistó a estos especialistas para que respondieran su lista de preguntas; preguntas que creyentes o no creyentes nos hemos hecho y sobre los mitos más populares, casi de lugar común.
            El libro, siguiendo una estructura cronológica-temática-judicial (hasta con ejemplos de casis judiciales), se divide en tres partes. En la primera, hace un examen de la confiabilidad de las biografías de Cristo escritas en los evangelios, las evidencias fuera de los evangelios, la información arqueológica sobre Jesús y la coincidencia entre ese Jesús histórico y el de la fe.
            En la segunda, hace un análisis de Jesús: ¿él estaba convencido que era el hijo de Dios? ¿Estaba loco cuando decía que era el hijo de Dios? ¿Jesús poseía atributos propios de Dios? ¿Responde Jesús al perfil de mesías que indican los profetas?
            Y en la tercera parte investiga sobre la resurrección, tema toral en la fe cristiana. El apóstol Pablo ponía este hecho en el centro: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe… [y] somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. Strobel analiza si la muerte de Jesús fue un engaño o un hecho real, si la tumba estaba realmente vacía, ¿alguien vio realmente a Jesús vivo después de la crucifixión? ¿Qué otros hechos respaldan la resurrección?
            El libro revela información poco conocida que fundamenta el hecho de que Jesús no era un ser humano ordinario y que los apóstoles y la iglesia no crearon la imagen del Jesús de la fe. Que los evangelios en realidad son registros históricos de fiar y las experiencias y la transformación del mundo antiguo y de la cultura grecorromana no son un mito, sino un indicador que confirma la deidad de Cristo y la historicidad de su resurrección.
            Repito. Es posible que alguien que entre a la lectura de este libro con suspicacia no encuentre nada valioso, pero quién con lo lea con objetividad encontrará capítulos que no parecen tan sólidos, sino que se apresura y fuerza un tanto sus conclusiones, pero que hay otros que aportan datos sobre Jesús que derrumbas los mitos más comunes y confirman que las aseveraciones de los evangelios y de las cartas del Nuevo Testamento son documentos dignos de aceptar en toda la extensión de la palabra. Que el mensaje del Nuevo Testamento revela verdades que los seres humanos no han querido ver o no han querido aceptar, pero son piezas clave para resolver muchos enigmas de la vida humana e indican soluciones efectivas para resolver problemas que las ciencias sociales y psicológicas no han podido, como, por ejemplo, el problema de la maldad.
            Este es un buen libro para quien quiera solidificar sus creencias cristianas y pueden orientar y ayudar a descubrir a quien duda que vale la pena arriesgarse por Cristo.
            Si le interesa adquirir este libro lo encuentra en librerías cristianas o lo pude pedir en los sistemas de entrega domiciliaria.

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