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Enrique R. Soriano Valencia

Sintiente es un vocablo de reciente aparición, aún no incorporado al diccionario oficial de nuestro idioma. Según la Fundación para el español urgente, Fundéu, es una palabra que cobra cada día más adeptos porque se usa en especial para identificar que los seres vivos, no solo los humanos, sienten (del verbo sentir) y, por tanto, cada individuo es sintiente.

Este vocablo llama la intención porque es el instrumento del que parte la legislación que regula el trato con los animales en otros países. Así, al reconocer que otros seres sienten, se puede crear leyes que protejan, eviten o reduzcan lo más posible el sufrimiento. Pero ello no solo podría beneficiar a esos otros seres en el plazo inmediato, sino que también pudiera derivar en una conceptualización del entorno y, por tanto, generar condiciones para la protección medioambiental.

El verbo sentir implica experimentar o percibir con los sentidos. Y aquí se registran dos conceptos. Por una parte, el hecho de padecer o registrar en uno mismo algo o, por la otra, reconocer esa sensación en otros organismos y, por tanto, identificarse. Este último proceso se tratade la empatía, que implica «ponerse en los zapatos del otro». Y aunque no se trata del mismo registro físico, sí incide en los aspectos emocionales cuando aparece la condolencia hacia otros seres.

En la naturaleza –en los animales salvajes– la empatía aparece básicamente con los individuos de la misma especie, pero no así con los de otra. Ello es debido a que la ausencia está vinculada con la supervivencia: un depredador no puede condolerse de su alimento. De ahí que la empatía se ubique como el instinto de conservación de la especie. Sin embargo, se observa que en las mascotas (que, por supuesto, ya están influidas por el trato humano), el proceso empático se amplia a más seres vivos además de los de la propia especie.

En los seres humanos, en virtud de haber dejado de cazar, pero con otros sistemas para allegarse el alimento, es más común desarrollar el sentido empático. De ahí que aparezca la preocupación de lo que sienten los otros seres más allá de la especie.

Hasta ahora, este novedoso vocablo es un adjetivo porque se aplica para dar una particularidad de personas, animales o cosas (sustantivos): seres sintientes, pero podría hacerse sustantivo (el sintiente).

El Diccionario panhispánico de dudas ya consideraba al adjetivo sentiente como preferente a sintiente. Al respecto anota: «sentiente (‘que siente’), forma que deriva directamente del latín sentiens, -entis (participio de presente de sentire) y es la preferida en el uso culto: “La energía estimular solo es potencialmente estimulante; para que de hecho estimule precisa del otro término de la relación, el organismo sentiente” (Pinillos Psicología [Esp. 1975]). No obstante, la variación vocálica que el verbo sentir presenta en su raíz —sentimos, sintió— ha favorecido la creación de la variante sintiente, también válida: “Ponen especial énfasis en no dañar a ningún ser sintiente” (Calle Yoga [Esp. 1990]).

No quiero dejar pasar esta colaboración para confirmar mi mejor deseo para el 2022 para quienes reciben estas Chispitas de lenguaje. Gracias.

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