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PARA EL 2024 ¿DISCIPLINA O REBELDÍA?

Héctor Gómez De La Cortina Guerrero

En el sistema político mexicano es costumbre que luego de las elecciones intermedias, arranque de manera formal la carrera por la sucesión presidencial. Durante el viejo régimen, la disciplina era fundamental para poder tener aspiraciones. Había que estarse quieto y callado, operar subrepticiamente en contra de los posibles adversarios. Ser león y zorro a la vez como lo dijo Maquiavelo, pero cuidar hasta el último detalle para no molestar al gran elector: el presidente de la República.

Bien decía el sempiterno líder de la CTM don Fidel Velázquez que “El que se mueve no sale en la foto”. Así funcionó el sistema durante décadas hasta que las circunstancias comenzaron a cambiar.

En 1987 el rompimiento de la llamada “Corriente democrática” del PRI luego del “dedazo” en favor de Carlos Salinas, trajo como consecuencia la salida de importantes cuadros del tricolor, la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y la fundación del PRD en 1989. En 1994 Salinas se decide por Colosio, pero Manuel Camacho se indisciplina y no lo felicita, rompiendo con una regla básica no escrita. Camacho sería canciller y luego Comisionado para la paz en Chiapas. Renunciaría al PRI poco después. En 1999 el rebelde fue Roberto Madrazo, quien forzó al presidente Zedillo a realizar una elección interna del candidato que terminó por ganar Francisco Labastida, pero salió muy golpeado por los ataques del propio Madrazo.

En 2005 Felipe Calderón, entonces secretario de Energía de Fox fue destapado por el gobernador de Jalisco Francisco Ramírez Acuña en una comida. El presidente se molestó pues su favorito era Santiago Creel. Calderón renunció a la secretaría y posteriormente barrió a Creel en la elección interna. En 2012 Calderón impulsó primero a Juan Camilo Mouriño, muerto en un accidente aéreo y posteriormente al secretario de Hacienda Ernesto Cordero. Quien asumió el reto de desafiar al presidente fue Josefina Vázquez Mota, coordinadora del PAN en la Cámara de Diputados. Venció con claridad a Cordero y luego su campaña fue un desastre. En 2018 estoy seguro que el favorito de Peña era Luis Videgaray, pero su figura estaba muy desgastada y con muchos negativos. La realidad es que el PRI estaba hundido y el presidente trató de rescatar el barco buscando a un secretario no militante y con buena reputación: José Antonio Meade. En 2018 no hubo indisciplina como tal, pero sí un abandono a la campaña de Meade y la cooperación de facto que muchos gobernadores tricolores ofrecieron a MORENA, el inminente partido vencedor.

El estilo personal de gobernar nos indica que AMLO fungirá como el gran elector, al más viejo estilo. Sin embargo, vale la pena preguntarnos si le valdrá a los aspirantes la disciplina y el silencio ante la decisión del presidente o si de plano optarían por la rebeldía para alcanzar la candidatura. No olvidemos que los 3 principales (Ebrard, Sheinbaum y Monreal) se encuentran ante la última posibilidad de alcanzar la famosa silla del águila.

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