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La conmemoración

Héctor Gómez De La Cortina Guerrero

El pasado 13 de agosto se conmemoraron los 500 años de la caída de la gran ciudad de Tenochtitlán. Luego de un sitio de casi 3 meses, con una población arrasada por la epidemia de viruela y tras la captura de Cuauhtémoc, la ciudad cayó rendida ante el ejército de Cortés, pero además ante los aliados texcocanos, tlaxcaltecas y chalcas, sin el apoyo de los cuales la llamada conquista habría resultado impensable.

Como era de esperarse, la fecha suscitó todo tipo de debates en diversos medios, distintas propuestas para conmemorar el acontecimiento y significar la relevancia histórica y la trascendencia del mismo. La postura del gobierno federal ha generado polémica y no es la intención de esta columna abonar en ese sentido, lo que quiero es destacar que desafortunadamente al día de hoy continuamos polarizados en un tema que desde mi punto de vista habría de generar unidad y orgullo patrio.

No se trata de excusar los excesos que se cometieron con los indígenas vencidos, el tremendo choque que significó el encuentro de 2 culturas que no se entendían en absoluto, que comprendían al mundo de una forma diametralmente opuesta y que habría de provocar una guerra dramática que tuvo como resultado un nuevo orden.

Hoy día está de moda hablar de “La resistencia indígena” ante los ataques del invasor, pero entonces ¿qué hacemos con los aliados indígenas que facilitaron la caída de la gran ciudad? ¿les exigimos disculpas también como al gobierno español? ¿los estigmatizamos? No hay que olvidar que el imperio mexica ejercía un dominio y un control dictatorial y cruel sobre varios de los pueblos del valle de México, que naturalmente estaban hartos de tenerles que pagar tributo y vieron en los exploradores la oportunidad de librarse del yugo mexica.

En aquel 1521 no existía México como lo conocemos hoy, no se trataba de un territorio unificado, mucho menos de una nación. Pensar que La Malinche, los tlaxcaltecas, chalcas y texcocanos traicionaron a su pueblo es totalmente absurdo.

Hoy día se pretende seguir renegando del pasado hispano cuando deberíamos estar orgullosos del mestizaje, del resultado de aquel choque brutal que hace 500 años fuera el génesis de la nación mexicana. Así que en lugar de andar quitando estatuas como lo hicieron con la de Cristóbal Colón o rebautizando calles como la de Puente de Alvarado por México-Tenochtitlán, o lugares como El árbol de la noche triste por El árbol de la noche victoriosa, las autoridades deberían de promover una campaña de conciliación que nos haga sentir orgullosos y que nos dé sentido de identidad, para dejar atrás de una vez y para siempre, los complejos que desde niños nos atormentan.

Pd.- A los que no lo hayan visitado, el Museo del Templo Mayor es un atractivo imprescindible de la Ciudad de México. En su interior resguarda diversas piezas de la civilización mexica y la imponente piedra de la Coyolxauhqui. A un costado se encuentran las ruinas del Templo Mayor y al fondo pueden observarse las torres de la catedral. El México moderno, el virreinal y el prehispánico en una sola postal.

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