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Héctor Gómez De La Cortina Guerrero

Recientemente la plataforma Netflix estrenó la mini serie de 6 capítulos que lleva por nombre el título de esta colaboración. La producción está ambientada en el pueblo de Allende, Coahuila, a pocos kilómetros de la frontera con Eagle Pass y en los acontecimientos que tuvieron lugar ahí el 18 de marzo de 2011, uno de los capítulos más estremecedores de la violencia criminal en México.

Hace ya varios años que leí por primera vez el horror de Allende y lo que padecieron decenas de sus veintitantos mil habitantes al comenzar la década pasada. El periodista Sergio Aguayo Quezada consignaba una y otra vez en sendos reportajes de investigación la masacre ocultada y minimizada por las autoridades de los 3 niveles de gobierno y que es digna de ser un escándalo internacional por la sevicia con la que un grupo armado hizo y deshizo a placer durante horas en un pueblo indefenso, sin que ninguna autoridad interviniera.

La serie, basada en el reportaje “Anatomía de una masacre” de la periodista Ginger Thompson retrata paso a paso el contexto previo al asalto al tranquilo pueblo y los acontecimientos que lo detonaron. Con base en declaraciones de sobrevivientes de aquella fatídica noche, familiares de víctimas, así como ex presidentes municipales, se da cuenta de cómo la organización delictiva se fue colando de a poco, como la humedad, hasta que lo controló absolutamente todo. De nada sirvió el Ejército y mucho menos la policía. Los Zetas eran los amos y señores del lugar.

Meses atrás, la DEA lanzó el operativo “Demasiado legítimo para rendirse” en el que logró ubicar a una persona que trabajaba para el cártel. Posteriormente lo presionan y convencen a él y a otro individuo para que dieran información sobre los líderes del grupo, específicamente que facilitaran el número de teléfono de los Blackberrys para poder rastrear a los capos. Al no tener alternativa, los acusados deciden cooperar, pero con la condición de que la información no se filtrara, pues Los Zetas tenían corrompida a la policía. Sin embargo, la información se filtró a una unidad de la policía federal y Los Zetas se enteraron de inmediato. Lo anterior trajo como consecuencia una despiadada venganza contra quienes tuvieran lazo de parentesco con los traidores, ya fuera cercano o lejano. No basta decir que muchas personas inocentes quedaron en medio de la masacre. Decenas de familias fueron destruidas, casas enteras derribadas, incendiadas. Personas llevadas a las afueras del pueblo en donde eran asesinadas y luego carbonizadas.

El número de decesos es impreciso. La cifra oficial señala 28 muertos, las asociaciones de las víctimas alrededor de 300. La familia más castigada fue la de los Garza. Se estima que por lo menos 20 de sus miembros fueron asesinados, incluido un bebé de 7 meses. El horror se posó sobre Allende aquella tarde.

Busquen el reportaje. Si teclean en google “Anatomía de una masacre” es el primer link que van a encontrar. Ahí podrán leer completo el reporte y los testimonios. Seguramente terminarán con un nudo en la garganta y se preguntarán cómo es posible que exista tanta maldad en el ser humano y tanta indolencia por parte de la autoridad.

VACACIONES

Este columnista se toma unas semanas de vacaciones. Trinchera Ciudadana volverá a publicarse la primera semana de agosto.

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