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Zona Franca

 ‘Clue Detective’ Es un juego de mesa para niños. Es muy sencillo, en un sobre se colocan ocultos una baraja que contiene un lugar, un personaje y un arma. Los jugadores recorren el tablero y tratan de encontrar al culpable de un supuesto crimen.

Quizá este podría ser un buen regalo para que Migue Ángel Simental, secretario de Seguridad Ciudadana en Celaya, desarrolle esa habilidad deducción a fin de prevenir la violencia en la ciudad, porque justifica que no se puede saber dónde y cuándo ocurrirán los delitos.

Incluso el Secretario de Seguridad acepta que hay un “mapa de calor” de la incidencia delictiva, deducción infalible, porque en Celaya los ataques son en vulcanizadoras, barberías y colonias populares de conocimiento público.

Al menos, Simental reconoce que los crímenes están relacionados por la disputa entre grupos delictivos, por eso, reparte la baraja antes de tirar los dados en el tablero, para asegurar que cada quien; Municipio, Estado y Federación hacen y cumplen su trabajo.

En ‘Clue Detective’, los jugadores no pueden compartir sus deducciones, contrario a como ocurre y se pregona de la repetida coordinación entre los tres niveles de gobierno, donde la seguridad no es un juego y menores de edad también son asesinados.

El crimen sí volteó a ver a los niños… para mal

La presencia de menores de edad en hechos sangrientos del crimen organizado es cada vez más frecuente, aparecen en titulares de diarios tanto como víctimas directas, como indirectas e incluso como victimarios. Hay niñas, niños y adolescentes involucrados, voluntaria o involuntariamente en el crimen, eso es un hecho innegable a estas alturas, aunque haya autoridades que se incomoden cuando se les cuestiona el tema o que quieran justificarlo.

Esta vez fue el secretario de Seguridad Ciudadana de Irapuato, Pedro Cortés Zavala, quien cayó en el lugar común de criminalizar y revictimizar a los menores asesinados en hechos del crimen organizado; luego quiso recomponer el comentario diciendo que no todos, pero el verdadero sentir ya lo había externado, lamentable que la perspectiva sea tan corta.

Mientras los niños son cada vez más involucrados en actividades criminales, las autoridades locales insisten en justificar que en Guanajuato se asesine a niños a veces con intención, otras como “víctimas colaterales”, (así les dicen, como si la muerte de niños fuera un mal necesario, para alcanzar una causa superior; igual que en las guerras se justifica la muerte de civiles durante un ataque), es un discurso rancio, indigerible.

Si estos argumentos de “se matan entre ellos”, “por algo lo mataron” o “andaba en malos pasos”, ya de por sí revictimizaban a los adultos asesinados, en el caso de los niños es peor, puesto que los menores de edad legalmente -y por algo existe este criterio- no son responsables de sí mismos todavía.

Así es, los menores ni siquiera pueden ser considerados criminales dado que no están en edad suficiente para hacerse responsables de ellos mismos ni de sus actos, y por tanto la responsabilidad de los niños es de la sociedad, léase incluidas las autoridades, pero en el discurso oficial parece que da igual si se revictimiza a menores o mayores, total mientras la culpa no sea del responsable en turno, qué más da que el crimen siga quitándole sus niños a Guanajuato, para volverlos carne de cañón.

Los niños aun después de esta situación no han sido volteados a ver por las autoridades para protegerlos, con mayor ahínco y efectividad, de las garras del crimen organizado que desde hace varios años los tiene muy en la mira.

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