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Enrique R. Soriano Valencia

La forma de construir las oraciones en nuestro idioma es sumamente rica. Sin tener plena consciencia, organizamos de múltiples formas los enunciados. Cada forma está cargada de intencionalidad. Solemos no reflexionar su aplicación, simplemente las emitimos por el estado de ánimo. Por eso, la forma de enunciar algo refleja nuestro sentir, pensar o punto de vista; pues de las múltiples alternativas, nos decidimos por alguna.


De esas alternativas, hoy veremos las voces activa, pasiva y progresiva.


La voz activa es la forma más común al expresarnos. En esta alternativa, el sujeto (de quien hablamos) es quien realiza la acción del verbo y el complemento recibe esa acción (cuando lo hay): «El notificador entregó puntualmente el citatorio» (el citatorio es el que recibe la acción de ser entregado, por ello es complemento directo).

La voz activa es la más común porque regularmente hablamos de alguien o algo (el sujeto de la oración). Nuestras conversaciones siempre giran en torno a una persona o un objeto sujeto de nuestra atención.

Recurrimos a voz pasiva cuando interesa destacar el complemento, lo que normalmente recibiría la acción del actuante. El complemento se transforma en el centro del interés del enunciado (sujeto) por lo que el verbo se conjuga coordinadamente y quien realiza la acción se introduce como complemento (llamado agente) mediante la preposición ‘por’: «El citatorio fue entregado puntualmente por el notificador».

Este tipo de enunciados sirve para no recurrir a la forma impersonal («El citatorio se entregó puntualmente»), que le resta fuerza al desconocer quién hizo la acción. Además, si importara el responsable de la acción, al menos está subyacente por si fuere necesario referirlo: «El citatorio fue entregado puntualmente» (por el notificador).

La voz pasiva se construye con el sujeto más el verbo ser o estar, otro verbo en participio y en ocasiones el complemento: «El citatorio está entregado desde la semana pasada». También presenta tiempos compuestos: «El citatorio ha sido entregado desde la semana pasada».
La voz progresiva se enuncia con el verbo estar y otro verbo en gerundio: «El notificador estaba entregando el citatorio en el domicilio, cuando se presentó el afectado, muy molesto».
La voz progresiva siempre refleja una acción que mantiene una amplia temporalidad. En el ejemplo anterior, la acción de ‘entregar’ arranca desde tiempo atrás y se hace coexistente y se mantiene con la otra acción (el momento en que se presenta el afectado).

Cuando se usa en presente da la sensación que la acción se mantendrá indefinidamente. Los servicios telefónicos automatizados la usan mucho: «Gracias por esperar en la línea: lo estamos atendiendo». No nos consta la última acción, pues bien podría estar charlando la persona que nos atendía, pero la oración en progresivo (la última parte del ejemplo), nos hace sentir que somos objeto de atención.

Las voces pasivas y progresivas pueden combinarse: «El citatorio estaba siendo entregado puntualmente por el notificador, cuando llegó el afectado».

Evidentemente el propósito del enunciado es destacar la notificación. Sin embargo, el estilo progresivo ha permitido presentarla como una acción previa y coexistente de la siguiente acción.

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