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Enrique R. Soriano Valencia

Los idiomas cambian, evolucionan. Algunos dicen que para mal, otros suponen que para bien. Lo cierto es que nunca ha dejado de transformarse.

A mi juicio es una lástima que algunas voces estén desapareciendo. Eso es debido a que los usuarios del idioma, dejamos de recurrir a ellas, de usarlas, para aplicar alternativas a veces no tan precisas. Por alguna razón, su uso es cada vez más extraño. Me refiero, entre otras, a las palabras cuyo, tal, cuan y al futuro del subjuntivo de los verbos, por solo mencionar algunas.

El libro de preparatoria abierta de la SEP Metodología del Aprendizaje señala que de los, aproximadamente, cien mil vocablos expuestos por el Diccionario de la lengua española, DLE, en México hemos reducido a solo 250 palabras nuestra habla cotidiana. De seguir con esta tendencia, podríamos llegar a usar palabras con múltiples significados y eso haría más difícil la precisión, lo que dejará al contexto el comprender.

La evolución se debe a múltiples factores. Entre otros, quienes deben redactar documentos, prefieren los formatos (machotes, como les llamamos en México); y los hablantes no enriquecemos nuestro vocabulario (mis alumnos dicen que a veces hablo raro). Las causas: la baja práctica de la lectura y el hábito de responder con fórmulas preestablecidas.

La costumbre hace más frecuentes oraciones como «Sufre de una enfermedad de la que se desconoce su origen» o «La policía liberó a un empresario de una casa de seguridad donde los secuestradores estaban por ejecutarlo». Esas mismas oraciones podrían ser más expresivas al usar cuyo: «Sufre de una enfermedad, cuyo origen es desconocido» y «La policía liberó a un empresario de una casa de seguridad, cuyos secuestradores estaban por ejecutarlo».

La palabra tal tiene varias acepciones, según el Diccionario. Me parece que solo sobrevive en la expresión «¿Qué tal?» Sin embargo, se ha usado para formular oraciones como «Tal cual» (de la misma forma); «Tal fue su destino» (en su lugar, ese); «Un tal Pedro vino a buscarte, con fulano de tal y perengano de tal» (para referirse a personas desconocidas). Estos usos son ya poco frecuentes, al menos en México.

El vocablo cuan corre la misma suerte. Originalmente daba a la oración intensidad o grado: «Ahora sabrás cuán grande es mi amor por ti». En el habla coloquial se enunciaría «Ahora sabrás qué tan grande es mi amor por ti». Sustituirla por la palabra qué le da sentido de exclamación; pero cuán deja de manifiesto la intensidad.

Del futuro del subjuntivo, ya en algún otro momento fue tratado en esta misma columna. Pero para quienes no tuvieron la oportunidad de revisarla, decíamos en aquella ocasión que solo sobrevive en dichos viejos y en algunas leyes: «A la tierra que fueres, haz lo que vieres» o «No será registrado, quien no presentare la documentación». Ese tiempo imprime un futuro de probabilidad a la oración. Actualmente se enuncia «A la tierra que vayas, haz lo que veas» o «No será registrado, quien no presente la documentación». Efectivamente, ambas oraciones se entienden, pero perdieron el matiz que en otros tiempos tuvo el futuro de probabilidad.

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