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Velia María Hontoria Álvarez

Cuándo has nacido de una forma, en un lugar, de alguna manera das por hecho que la realidad así es y al final, tienes razón pues esa es tu materialidad. Las verdades, se conforman por hechos y experiencias. Hoy una fuerte población de cubanos se moviliza y protestan, después de casi sesenta años del régimen revolucionario Castrista y salen a las calles, con su voz como puñal y su puño como fusil ante un ejército gubernamental bien armado -adiestrado para matar- y así expresar con su vida, la inconformidad por subsistir en un régimen que no les da alimentos, salud y menos libertad.

Por una parte, me llena de esperanza, que estos hermanos alcen su voz y por la otra una inmensa vergüenza me invade al reconocer,  que en una época de mi vida yo le creí a Fidel, creí que de verdad se podría vivir diferente; desafiando el mundo imperialista y consumista que imponía USA que solo fomentaba más pobreza, decíamos acusándolos; le creí, cuando me enteré de  los programas de alfabetización y educación superior, permitiendo poner a Cuba en primer lugar en toda América  Latina,  con el  objetivo de educar mentes y que estas pudieran  hacer y tomar decisiones, mismas que él con su régimen, después ahogaba y asesinaba.

Le creí, cuando sabía que había salud para todos y que sus médicos,  así como la enseñanza que se impartía  estaba por encima o al igual de las mejores del mundo; era Cuba, quien realizaba congresos, defendiendo y propugnado los derechos de las mujeres, alzándose como un “Polo de Salud e investigación médica”  y, con los años,  seguí escuchando; las personas hablaban de que en Cuba no había crecimiento aún menos desarrollo, que la isla se había quedado  suspendida en los años 50*  con viejos y desvencijados coches, dañados radios,  descoloridos edificios, vestidos desgarrados, zapatos roídos, un sórdido mercado negro  eran los  que le daban ese toque turístico y nostálgico; amén de una vergonzosa prostitución que cambalacheaba cuerpo por unos cuántos dólares; un trozo de jabón o quizá la camiseta yanqui que portaba el turista. La brigada de jóvenes deportistas invitadas por el régimen, llegaba con un par de camisetas, un retacado equipaje de juguetes, golosinas, papel higiénico, jabones para regalar a los sonrientes habitantes. También escuché, como separaban familias, hogares; que la comida se racionaba, que la entrada de remesas de los expatriados, era fuente principal en la economía de Castro. Beber leche fresca no era para todos, comer verduras, frutas era un privilegio y que los que salían, no querían volver pues se sabían privilegiados. 

No sé, si los cubanos obtengan su tan ansiada libertad, derecho inalienable que tiene toda persona de vivir como se le dé la gana –sin dañar a los demás- confió que el Gran Caimán ruja, victorioso se zarandee y una vez más, sea el espejo en donde nos miremos los demás. El añoso señor, que vive en palacio dice que repriman a estos “golpistas” que cese el bloqueo y lo escuchó, sabiendo que Cuba hace muchos años que ya no tiene ningún bloqueo, solo el abandono de la antigua URSS y si la comercialización con más de setenta países y cito de ejemplo: Venezuela, China, España, Canadá, Rusia, México, Países Bajos, Italia, Francia, Alemania y el propio Estados Unidos,  datos obtenidos, por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba correspondientes a 2019. Una vez más, su ignorancia reluce, pues habla de que ni el mismo señor Andrés sabe con quién negocia y me preguntó ¿le sigo escuchando, aprendí algo de la experiencia cubana o que se vaya a su rancho? ¿Qué opina usted amable lector?

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