23 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

DÍAS DE GUARDAR, domingo 21 de junio de 2020

8 minutos de lectura


*Diego Sinhue se lanza a la rebelión, pero descuida el estado; *Pandemia activa, gobierno paralizado y ciudadanos en la calle; *La violencia en Celaya ha agotado todos los calificativos

1. Una cruzada nacional exige cuidar la retaguardia

Ilustraciones: Pinche EinnarLo dudó por meses, pero finalmente el gobernador de Guanajuato ha decidido tomar en serio el consejo del propio Andrés Manuel López Obrador y tomar partido. En la disyuntiva de «estar con él o contra él», planteado por el político de Morena, el panista que gobierna Guanajuato finalmente dio el paso al frente que hace tiempo le reclamaban sus colegas correligionarios y sus partidarios en Guanajuato.

Después de haberse apoyado en el dirigente del principal organismo empresarial del estado, José Arturo Sánchez Castellanos del Consejo Coordinador Empresarial, para romper las hostilidades con el gobierno federal, Diego Sinhue Rodríguez dejó atrás las dudas al ser el vocero del grupo de gobernadores panistas reunidos en Dolores Hidalgo hace una semana.

Este viernes en Monterrey, Sinhue y José Arturo jugaron de nueva cuenta el rol de técnico y rudo, para dejar en claro que Guanajuato toma distancia en su relación institucional con el gobierno federal.La posición de las autoridades de Guanajuato, junto con otros muchos grupos políticos y sociales del país, adelanta los tiempos y deja de lado la emergencia sanitaria para lanzarse de lleno a la campaña electoral de 2021 con una gran anticipación.

A López Obrador la situación parece venirle como anillo al dedo, pues su estado político ideal es el de candidato en campaña, la que le hace sentirse más cómodo y hacia donde tiende sistemáticamente, aún en su papel de Presidente de la República.

El nuevo escenario traerá cambios sustanciales en la vida pública de Guanajuato, si Diego Sinhue Rodríguez asume con congruencia y responsabilidad el papel de participante en una alianza política de gobernadores para una campaña nacional.

Para empezar, el joven mandatario que no ha logrado consolidar un equipo y debe gobernar con cuadros heredados, tendrá que eficientar a su gabinete para que su ausencia no ralentice más aún la velocidad de las decisiones, justo en plena emergencia sanitaria y económica.

No todo es ir a decir discursos en foros nacionales, también habría que mostrar buenos indicadores de gobierno y aplicación para resolver los reclamos locales.

Sin embargo, para ello Sinhue requeriría un gabinete eficiente, con suficiente altura de miras y una concepción clara del momento y de sus retos.

Tan solo debería recordar cómo fue posible que Vicente Fox se lanzara a la aventura de construir una candidatura presidencial en la segunda parte de la década final del sigo pasado, cuando el mandatario de Guanajuato prácticamente delegó la tarea de gobernar en sus secretarios de gobierno y de finanzas, Ramón Martín Huerta y José Luis Romero Hicks, quienes se equilibraban mutuamente por sus diferencias personales y políticas, mientras él recorría el país, tejía alianzas y posicionaba su nombre y su aspiración.

No es el caso. Ni el distraído veterano Luis Ernesto Ayala, ni el apocado tecnócrata Héctor Salgado Banda, parecen poseer las prendas para hacerse cargo de las obligaciones del gobierno.

Ello provoca que el hombre orquesta en que está convertido el «jefe» de gabinete Juan Carlos Alcántara, se vea rebasado constantemente por la agenda cotidiana y se limite a reaccionar.

A Diego Sinhue le llega la oportunidad de formar parte de un frente amplio opositor sin haber hecho la tarea de consolidar un equipo solvente y leal.

El tema de la seguridad es una encrucijada sin solución, donde la administración de los problemas que han venido realizando Carlos Zamarripa y Alvar Cabeza de Vaca, está completamente rebasada por una ola de violencia ciega que en cada nuevo episodio, más desgarrador y afrentoso que el anterior, desnuda la fragilidad de un gobierno que no va más allá de las redes sociales y la propaganda.

Diego Sinhue ya debe haberse dado cuenta de que el tema de la seguridad no es un asunto «de imagen» y de «mala prensa». La insensata contratación de una «vocera» para atender el problema ha llegado a niveles de ridículo.

Es como si un equipo de futbol en el sótano del torneo optara por un cambio de publirelacionista y no de entrenador.Así, antes de salir a la cruzada nacional para recuperar la silla presidencial de las manos de los herejes, Diego corazón de león debería preocuparse por definir quién va a ser su Juan sin tierra y su sheriff de Nottingham.No puedes viajar a la madre de todas las batallas, con un tejado de cristal y la sala de maquinas inundada.

2. Débil llamado al confinamiento mientras la pandemia cunde

Los mensajes son contradictorios a nivel federal y local. Los voceros de salud, Hugo López-Gatell allá y Daniel Díaz Martínez aquí, realizan constantes llamados para que la gente permanezca en sus casas y solo salga a realizar actividades esenciales.

Mientras tanto, sus jefes alientan la reactivación económica de diversas maneras.Andrés Manuel López Obrador lo ha dicho abiertamente: anímense a salir. 

Diego Sinhue no dice nada, ni aparece públicamente, pero su mayor preocupación no parece ser la salud, sino la economía, aunque tampoco su aportación de cerca de 4 mil millones de pesos para créditos de reactivación está corriendo con la velocidad necesaria.

Ambas actitudes, sin embargo, olvidan los riesgos de una prematura apertura justo cuando los contagios están llegando a sus peores cifras después de poco más de cien días de presencia de la pandemia en el país.Pareciera que los gobernantes creen en un modelo de comportamiento estandarizado del virus SARS-CoV-2, cuando está visto que la experiencia ha sido distinta en cada país y está probado que la única fórmula que está funcionando es el distanciamiento social y el seguimiento de casos, como fórmulas de prevención y de contención de los niveles de transmisión.

Aquí no parece estar ocurriendo: ni distancia social, ni confinamiento, ni seguimiento. A partir del primero de junio hay una movilización creciente, en León y en el corredor industrial.

Exactamente a los 15 días, la tasa diaria de contagio se aceleró y pasó de promediar debajo de 200 a los 300 casos diarios.Después del incremento de la movilidad es imposible no atribuirle el crecimiento en la expansión de la pandemia. Sin embargo, no se observa ninguna medida de control para volver más ordenada la reapertura, más allá de las tibias llamadas a la conciencia social, que nada podrán frente a la necesidad de la gente por resolver sus penurias económicas.

Estamos entonces en un auténtico círculo de errores y malentendidos: el gobierno presta dinero a tasa baja para fomentar la reactivación; el sector salud advierte que no se debe de salir y que estamos en semáforo rojo; los propietarios de negocios, servicios, comercios y factorías reinvertirán mediante deuda para volver a la normalidad, el consumidor continuará replegado solo en lo esencial, lo que quizá complicará el regreso a una normalidad como la que dejamos atrás.Mientras todo ello ocurre, la circulación de personas reactivará la transmisión del virus, elevará los contagios e incrementará el miedo social a contraer la enfermedad, lo que de nuevo replegará la economía.

Al final, parece que tendremos todo lo que queríamos evitar en el discurso: más personas enfermas, hospitales al borde de la saturación y una economía doblemente deprimida, por la suspensión primaveral y por el repliegue del consumo en el verano.

Aprenderemos de la pandemia de la peor manera posible: en carne propia, por no haber asimilado las lecciones que nos ofrecieron otras experiencias en el mundo y por la notable falta de capacidad y ausencia de liderazgo de los políticos responsables de la coordinación colectiva.

Y eso habrá que reclamárselo a los políticos que no supieron estar a la altura. Aquí y allá.

3. Celaya: el silencio de los responsables

Después de las masacres vividas en los últimos días en Celaya, donde los grupos criminales se ensañaron con policías, con personas desarmadas, con niños, este sábado se desató una ola de atentados a negocios, a vehículos particulares y bloqueos de accesos a la ciudad, al parecer producto de un operativo policial que fue definido, tardíamente, como «cateos en la zona Laja Bajío», por el secretario de gobierno, Luis Ernesto Ayala.

A las 7 de la noche, las reacciones del grupo criminal se extendían al menos a 10 municipios, con bloqueos o atentados incendiarios en más de 30 puntos, como una estrategia de distracción.

Los hechos vandálicos se extendían desde San Luis de la Paz hasta Acámbaro y de Salamanca a Apaseo el Grande, generando una amplia región de desestabilización y pánico.

El apoderamiento de la cotidianidad por grupos delictivos lo que hace evidente es el repliegue del estado, llámese gobierno federal, estatal o municipales.

Desde hace tiempo en Guanajuato no parece existir un trabajo consistente, permanente de defensa del estado de derecho, de persecución y castigo a quienes lo trasgreden y de prevención.

Sería hasta risible, si no fuera profundamente indignante, una verdadera afrenta a los ciudadanos de Guanajuato, la cadena consuetudinaria de tuits y entradas en redes sociales que produce el aparato oficial del secretario de seguridad Alvar Cabeza de Vaca, presumiendo «patrullajes» y detenciones absolutamente inocuas, día tras día, refiriéndose a la zona de Celaya y la región Laja Bajío.

En cambio, este sábado, la cuenta permanecía en silencio, congelada desde el jueves 18 de junio, mientras la ciudad de Celaya y otros 12 municipios se sumían en la intranquilidad y el caos.

Fue hasta las 7 de la noche que el secretario de seguridad anunció «importantes detenciones» de integrantes del Cártel Santa Rosa de Lima por fuerzas estatales y federales a las que atribuyó «las acciones violentas en la región», como un intento de distraer.

Queda la sensación que el golpe al CSRL no fue lo suficientemente estratégico ni logra desmantelarlo, si las reacciones producen pánico en 13 municipios mediante acciones que afectaron 47 puntos en una amplia franja del estado.

Pero las incongruencias no paran ahí.

En otra sociedad, o en el mismo Guanajuato de hace algunos años, hubiera resultado una acción imposible de realizar sin crítica de la opinión pública, una decisión como la del fiscal Carlos Zamarripa de ascender al fiscal regional de Celaya, Israel Aguado Silva, donde evidentemente tuvo un actuar deficiente por decir lo menos, a fiscal regional de Irapuato.

La criminalidad está en ascenso desde hace tiempo en Guanajuato, lo ha hecho en forma desbordada y sin oposición al frente.

Es imposible no encontrar en esa dinámica una grave responsabilidad de quien gobierna Guanajuato, de quien fue electo con votos de ciudadanos esperanzados en tener tranquilidad.

Incluso aceptando el argumento de que la federación ha abandonado a Guanajuato, resulta una obligación política del gobernador del estado reclamar más coordinación y sentarse a negociarla en mesas de trabajo.

El desorden en Guanajuato viene de tiempo atrás, no solo de este sexenio. Y que yo recuerde, entre Miguel Márquez y Enrique Peña Nieto no existían muchas diferencias, más bien se trataba de una relación cercana. ¿Entonces?

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