24 febrero, 2021

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Celaya pierde a una dama comprometida.

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El pasado domingo falleció la señora María de los Dolores Martínez Inda a la edad de 98 años.

María de los Dolores Martínez Inda nació el 6 de mayo de 1922 en la ciudad de Toluca, Estado de México. Fue la segunda hija (José Luis, Dada, Mariano, Gloria, Ángel y Carlos) del matrimonio formado por Mariano Martínez Esparza y María Inda Durán. Él es originario de la Ciudad de México y se desempeña como agente de ventas de la compañía de petróleo “El águila”. Ella es oriunda de Celaya y se dedica al hogar.

José Luis el hermano mayor no puede pronunciar de manera correcta el nombre de su hermanita y la llama “Dada”, apodo que la acompañará por el resto de sus días.

En 1936, a los 14 años llega con sus papás y hermanos a Celaya, pues las frías temperaturas de la capital mexiquense afectan la salud de doña María, su mamá.

Ya en esta ciudad se instalan en la céntrica calle de Guadalupe número 3 que aún existe, se van desenvolviendo de a poco en el rumbo y consolidan amistades, además de frecuentar a la querida familia Suárez Inda.

En palabras de Dada:

«Guadalupe 3 era una casa pequeña, de solo un piso. Mi papá comenzó la construcción de la planta alta que tendría la finalidad de albergar la habitación de mis hermanos José Luis y Mariano. En la planta baja estaría la recámara de mis papás, así como de mis hermanos Gloria, Ángel, Carlitos y yo”. 

Una vez adaptándose a la ciudad, Dada comenzó a hacer una vida normal. Fraguó amistad con «las Arroyo» que vivían en la misma cuadra y con «Tita» Balderas. Ingresó al Colegio «Guadalupano», que junto con el «María Enriqueta» eran los únicos en la ciudad. El «Guadalupano» se encontraba en la calle de Benito Juárez. Los lugares de recreo en la ciudad eran El Cisne, donde se tomaba café y nieve; la alberca de El Carmen y de los Josefinos. En avenida Benito Juárez había canchas de tenis y Dada acudía a todos estos lugares acompañada de sus amigas «Muñeca» Nieto, «Milus» Arroyo, Guillermina y Carmela Nieto; Estela Flores; Josefina González; Josefina Corral y las Zárate.

En 1943 se casa con el Licenciado Javier Guerrero Rico, 10 años mayor que ella, con una infancia marcada por la orfandad y el esfuerzo pero que se enamoró profundamente de ella desde que la vio, tal y como consta en las decenas de cartas que le escribió durante varios años.

Dada lo acompañará siempre en todas y cada una de las actividades realizadas por él. En 1964, Javier se convierte en presidente municipal y a Dada le toca dirigir el Instituto Nacional de Protección a la Infancia, antecedente directo del DIF, en el cual relataba sentirse muy feliz por haber organizado junto a comprometidas voluntarias, los desayunos escolares.

«Me encargué inmediatamente del Instituto de Protección a la Infancia (IPI). Se organizaron puntual-mente los desayunos escolares para niños de escasos recursos. Eran alrededor de 10 mil diarios para Celaya y 5 mil para las comunidades. Verificaba a bordo de una patrulla que se hubieran entregado. Conté con el invaluable apoyo de la ‘Nena’ Angelita González de Vargas, Alicia Flores y Martha García.

«Los desayunos escolares comenzaron a distribuirse porque se detectó que muchos niños de la república no rendían lo suficiente en clases. Se realizó una investigación y se determinó que algunos de ellos llegaban sin nada en el estómago a la Escuela. Era imposible que tuvieran las energías suficientes para poder aprender».

La vocación de servicio la tuvo siempre y continuó ayudando en la medida de sus posibilidades a gente que la buscaba. A finales de los años ochenta junto a queridas amigas voluntarias le correspondió iniciar con los trabajos del INSEN en Celaya en donde dio rienda suelta a su altruismo y amor al prójimo.

El INSEN, hoy INAPAM fue fundado en 1979 gracias a los esfuerzos de la escritora Emma Godoy y don Euquerio Guerrero López, este último con profundos lazos de amistad con el matrimonio Guerrero Martínez.

 «Cuando se fundó (el INSEN) en la capital, se tenía el interés de trasladarlo a la provincia y entonces el Lic. Euquerio se comunicó con Javier mi marido y con el Lic. Matías Hernández Tamayo para que hubiera una sede en la ciudad y aceptaron de manera pronta. La primera presidente fue «Chelo» Pérez (esposa de Matías Hernández)».

Son muchos los testimonios de los ancianitos a los que trató con dulzura y amor en cuanto trámite necesitaban. La edad avanzada y el deterioro de su salud le impidieron continuar asistiendo, pero para ella el INSEN fue parte fundamental de su vida. Al respecto decía que:

«El INSEN es un lugar donde los viejitos se olvidan, aunque sea por unas cuantas horas, de todos sus problemas, juegan cartas, hacen manualidades con cartones; hay clases de tejido y de cocina. Las manualidades llegaban a venderse para que las ancianitas pudieran apoyarse, aunque en ocasiones, conservaban o regalaban sus creaciones, por eso colocaron una vitrina en donde se ponían los objetos y los visitantes pudieran apreciarlos.

«De a poco se nos ocurrió la idea de instaurar un día para cantar y bailar. A nuestros compañeros les encantó y se ha convertido en toda una tradición. Muchas veces me pedían que cantara ‘Estoy pensando en ti’ y ‘Hay unos ojos’ y con mucho gusto los complacía.

«Otros días se les dan ejercicios para estimular los músculos del cuerpo y hasta se inventó un himno que va más o menos así:

«Venimos martes y viernes muy contentos al INSEN, cantamos, platicamos y jugamos a la vez y cuando va atardeciendo, nos tomamos un café. Cantamos, platicamos y jugamos a la vez y recordando alegres lo que ayer nos sucedió, pasamos las horas riendo y dando gracias a Dios. Es una dicha muy grande haber llegado a esta edad, tenemos mucha experiencia y mil cosas que contar. Deseamos estar unidos en esta tercera edad y compartir jubilosos amor y fraternidad. Y recordando alegres lo que ayer nos sucedió, pasamos las horas riendo y dando gracias a Dios».

En diciembre de 1999 se le realizó una entrevista para la revista de sociales Blanco y Negro en la que comentó:

«Una de las principales razones que me mantienen en el INSEN es por ayudar y convivir con los ancianitos, disfruto mucho de su compañía, además estoy a cargo del Club de la Tercera Edad en donde cantamos, bailamos y nos divertimos todos juntos».

«Fielmente creo yo que quien no vive para servir, no sirve para vivir; siempre he tratado de dar lo mejor de mí en cada momento de mi vida, es por eso que me siento satisfecha, aunque todavía me falta mucho que dar».

Los reconocimientos por su labor se acumularon al paso del tiempo. Fue galardonada con el premio «Guanajuato educa con el ejemplo», que recibió en noviembre de 1999 de manos del gobernador interino Ramón Martín Huerta; distintas Asociaciones han destacado su altruismo, tales como el Club Rotario, la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias Capítulo Celaya, la Asociación de Ciudadanos por un México Digno, el DIF de Celaya, la Presidencia Municipal de Celaya, la Secretaría de Gobierno del Estado de Guanajuato, el Centro Médico Quirúrgico, la Asociación de Ciudadanos por un México Digno, entre otros.

Le sobreviven 3 hijas, 6 nietos, 7 bisnietos y 2 tataranietos. Se fue en paz y tranquila, pero deja un hueco enorme en el corazón de quienes la conocieron.

Celaya pierde a una dama comprometida con las mejores causas, ejemplo de amor y de servicio.

Que descanse en paz.

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