0 6 mins 2 meses

La inundación de hace 48 años

Para los habitantes de Celaya, Irapuato y Silao, fueron fechas distintas, pero con diferencias de horas o días para recordar las inundaciones de aquel mes de agosto de 1973, cuando antes y después de las inundaciones, se registraron en todo el estado, y principalmente en la zona norte, que los escurrimientos comenzaron a llenar el embalse de la presa Allende.

Ese mes fue “muy llovedor” comentaban los ciudadanos de Celaya, pues hubo días en que llovió las 24 horas, a veces más y otras menos, pero sin casi parar durante todo el mes.

El problema fue de cálculo, pues la gerencia de la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos  -SARH-, mantuvo cerrada la cortina de la presa, pues consideraron que podrían recaudar el agua necesaria que les serviría no solo para los riesgos de invierno sino también para los de primavera-verano.

El cálculo tenía buenos fines, pues al parecer en el ciclo de siembra anterior a ese año, no fue “bueno” y ahora quisieron asegurar el agua en beneficio de la agricultura y mantuvieron cerradas las cortinas sin hacer caso a los pronósticos meteorológicos que indicaban lluvias constantes durante días como sucedió realmente.

El vaso de la presa se llenó en menos del tiempo que los ingenieros calcularon y la noche oscura por lo nublado, del 15 de agosto poco después de las 19 horas -antes del cambio al horario actual-, se dieron instrucciones de abrir las compuertas para evitar el riesgo del colapso de la cortina, y dar espacio para recibir más escurrimientos que llegaban al vaso de captación.

El problema no fue la apertura sino que vino después, porque sin aviso a la ciudadanía, a todos los habitantes de las partes bajas, empezando por Celaya, les llegó el agua y comenzó a subir los niveles por el “pequeño” cauce del Río Laja, que por la madrugada escucharon el paso de las aguas y que al salir el sol, comprobaron como los niveles comenzaron a subir peligrosamente para salir de cauce e inundar muy rápido las tierras cercanas a los cauces, no solo del río sino los canales afluentes al Laja.

Para el día 16, los celayenses recibieron las primeras advertencias por todos los medios, con perifoneo y todas las estaciones de radio, emitían cada 15 minutos, los riesgos de la llegada del agua que en torrentes recorría el cauce del Laja desde la presa Allende, mientras que las autoridades comenzaron usar maquinaria y a los voluntarios, para llenar costales con arena que se colocarían en las partes bajas del cauce y en las curvas, porque son las zonas de mayor riesgo.

Los jóvenes que prestaban el Servicio Militar fuimos convocados para auxiliar en las medidas preventivas, y pese al esfuerzo, el torrente del agua ganó.  

Por la noche y madrugada del día 17, el agua llegó a las viviendas de la colonia Las Insurgentes y comenzaron las primeras evacuaciones, traslados de muebles a las azoteas y mudanza de familias con familiares a otras partes de la ciudad, mientras que la inundación continuó por la zona de El Zapote, la colonia Jardines de Celaya, los terrenos despoblados aún, de la incipiente Central de Autobuses, para continuar el día 18 por las calles de la Alameda.

Y continuaban las lluvias que hicieron llegar sobre la calle Morelos, hasta la entrada del mercado Morelos, y cerca de la calzada Independencia. Por el lado del mercado Hidalgo, el agua inundó el bulevar hasta donde ahora está el paso peatonal y llegó a la banqueta de la entrada.

Con las aguas que alcanzaron en algunos lugares de El Zapote, sobre la calle Tampico en metro y medio, muchas viviendas construidas en adobe, comenzaron a caer y cuando los habitantes sacaron sus pertenencias, llegaron muchos vivales y delincuentes, pues se ofrecieron ayudar a llevar las pertenencias a un “lugar seguro”, simplemente desaparecieron televisores, lavadoras equipos electrónicos de los que los propietarios nunca supieron a dónde los llevaron.

En los días siguientes, se reportaron inundaciones como en Irapuato en donde se agravaron los daños al desbordarse la presa del Conejo, se derribaron casas, arrastró vehículos, e incluso, se corrieron versiones de que las aguas que inundaron un panteón, sacó y arrastró ataúdes con cadáveres por algunas calles.

Pero también en los días siguientes, las aguas llegaron hasta Silao en donde destruyeron casas de adobe y se registraron miles de damnificados y a los días siguientes se tuvo la presencia del Presidente de la República, Luis Echeverría, quien ordenó la reconstrucción y de hecho se cambió toda la ciudad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *