Dom. Sep 27th, 2020

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12 de octubre, ¿genocidio?

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Por.- Enrique R. Soriano
Valencia
Ayer se dieron todo tipo
de declaraciones relacionadas con lo sucedido en 1492. Muchos, tanto en España
como, particularmente, en América, calificaron de genocida el Descubrimiento y
la consecuente Conquista. Los medios de comunicación hoy dan cuenta y en muchos
titulares se lee esa palabra. Sin embargo, en el uso del lenguaje es imperativo
aplicar los términos exactos a las condiciones descritas para no formar ideas
erróneas. A mi juicio no aplica y aquí mis razones.
Según el Diccionario de
la lengua española, DEL, la palabra ‘genocidio’ implica: «Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de
raza, etnia, religión, política o nacionalidad». En virtud de todos los pueblos
y etnias actuales en todo el territorio nacional, entonces, no aplica. No hubo
tal genocidio. Hay quien pudiera suponer que no tuvieron tiempo…  ¿en trescientos años de Colonia? Ese tiempo
hubiere sido suficiente para lograrlo. Por tanto, no fue el propósito.
Lo anterior sin dejar de admitir la gran
cantidad de barbaridades ocurridas durante la Colonia. El propósito fue someter
a una población para, en nombre del Derecho divino, cristianizarlos y
usufructuar una tierra que debía dar la suficiente riqueza para hacer que la
Corona siguiera combatiendo al hereje en el lugar donde fuere. Entonces, la
intención fue dejar vivos a la mano de obra que debía explotarse y de paso
hacer ricos a quienes en ello se comprometían.
En la práctica, fue una cruzada de
conquista justificada por una intención religiosa. Para hacerlos trabajar con
esos propósitos, la población fue sometida a un salvaje proceso de
transculturización. Esta es la palabra adecuada.
Entonces, lo que mató a la población nativa
fueron dos factores: haber perdido su cultura. Esto implica, cambiar
drásticamente la forma de vida, de dioses, de ceremonias, de costumbres y de
tradiciones; empezar a consumir alimentos diferentes a los habituales,
familiarizarse con animales totalmente extraños, con cultivos diametralmente diferentes;
y, desde luego, objeto de maltrato despiadado para insertarlos en una dinámica
económica que no entendían y no respondía a sus más íntimos valores. Por ello, muchos
dejaron de tener familia, hecho que se agravó con las nuevas enfermedades para las
que no tenían anticuerpos. Cocoliztli es el nombre que recibieron las tres
fuertes epidemias que arrasaron prácticamente con la mayoría de la población
sobreviviente. De ahí nos viene la amenaza de «Si te portas mal, viene el Coco
y te comerá».
Hubo abusos, desde luego, como en todo
proceso de colonización. Eso mismo sucedió a los de Azcapotzalco cuando la
triple alianza los venció. Los sobrevivientes fueron vendidos como esclavos y
todos sus códices fueron destruidos. Las conquistas son así, no solo la
europea.
Sin embargo, lo expuesto por fray Bartolomé
de las Casas tuvo mayor interés para los ingleses que para los españoles. La
Corona escuchó al clérigo y concedió una serie de prerrogativas para tratar con
mayor humanidad a los pobladores de América (beneficio que no alcanzó para los
negros que se trajeron de África para compensar la mano de obra). Sin embargo,
los ingleses usaron esa misma información y la magnificaron para justificar sus
actos. Es decir, los piratas respondían a la Corona inglesa (en su mayoría) y
justificaban su actuar como una compensación por los abusos españoles. Es
decir, con la información de De las Casas crearon lo que se llama la Leyenda
Negra (ver investigación publicada en el FCE bajo el mismo título). Con eso,
desobedecieron al Papa (que había repartido el mundo entre portugueses y
españoles). Y tuvieron el pretexto para traer a América su concepto de una
nueva Jerusalem, de crear un mundo sin pecado. Sin embargo, ese concepto fue
mucho más intolerante y por ello el exterminio de las diversas tribus
norteamericanas más despiadada.  La
Corona inglesa y después el gobierno de los Estados Unidos de América ostenta
el récord de mayor número de violaciones a los tratados de paz con los grupos
indígenas.

El 12 de octubre de 1492 no es una fecha para
festejar en América. En eso coincido con lo publicado. Es una conmemoración, es
el término aplicable. Es decir, una fecha que por su impacto en nuestra
historia (del bando que procedamos o si, incluso, somos la mezcla de ambos)
debemos traer a la mente, a la memoria, porque ello marcó nuestra existencia
actual. Lo que para mí resulta claro es que la peor parte del proceso de
transculturización no se vivió en el territorio que ocupa México y sí en
territorio más al norte. Allá aplica más cercanamente la palabra genocidio. 

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