16 mayo, 2021

A mis médicos, curanderos, brujos de cuerpo y alma

Velia María Hontoria Álvarez

Todas las profesiones tienen un compromiso y una vocación que nos conlleva a revestir y fortalecer el sentido de vida y la personalidad de cada uno. Más hay una que me resulta sublime por el compromiso implícito que tiene con el creador de fomentar vida y esa es la medicina. Quien cura lo hace a sabiendas de que no es solo el conocimiento técnico ni la especialización las que conllevan a un resultado; el médico acepta en profunda humildad que en cada acción, tratamiento o decisión viene acompañada la bendición divina.

Un médico no nace, se hace y se forja en la sabiduría que da la comprensión y el amor. Un galeno no es aquel que estudia y se certifica o usa bata blanca o maneja un bisturí. Médico es aquel que escucha, intuye, en profunda empatía vive el palpitar de otro cuerpo que no es el suyo para orientar la cura. Esa cura que viene envuelta -muchas veces sin saberlo- en cada ser desde el momento en que nace.

Médico es aquel que sabe tomarte de las manos cuando ya no hay nada más por hacer ante  la espera anunciada desde el día en que salimos de un tibio vientre. Es el facultativo que reconoce en sus abrazos más curación que en sus diestras manos que se dirigen en los misterios mundanos de un amasijo de piel, huesos y sangre.

Por tanto hoy a modo de homenaje, estas letras las dirijo a ti que lloras por mí, cuando mirabas que mi cuerpo no reaccionaba ante tanta crema, ungüento y antibiótico; mi gratitud por todas esas veces que has tomando el teléfono, has leído mis desesperados mensajes para tranquilizarme, recordarme que hay  más severidad en mis palabras que en la tos que me enmudece. Mis oraciones por todas tus necesidades y angustias las dedico a Dios por conmiserarte y acompañarme cuando ya no hay nada más que hacer que decir hasta pronto.

Mi amistad y lealtad a ti, quien has abrazado mis alegrías y te has reído con mis derroches.  Tienes mi confianza, aunque a bien no sepas si esos tubos y embalajes den resultado, sé que a tu lado será más fácil y llevadero caminar por este oscuro túnel. Sin deuda y endeuda, por las veces que has curado a todo aquel que te he enviado a sabiendas que sabes que creo que solo tú eres quien puede y sabe. Por las veces que te has expuesto a mis bichos, a mis virus, a mis desechos ¡Gracias¡

Gracias por procurarme en el día y pensarme en las noches. Tu amabilidad generosa descubro cuando con pudor muestro ante ti mis daños íntimos, secretos; esas piezas dañadas por el tiempo, el descuido o solamente el olvido.  Gracias por sanarme con tu voz,  tu mirada, con esos lienzos del “aunqueusted-nolocrea” Gracias por no juzgarme y con dedicación ayudarme a levantar esos trozos que han quedado desperdigados para de nuevo darme forma reconstruyendo lo que ya de por si sabes valioso.

Gracias por enseñarme tu vida, tus carencias y limitaciones; por recordarme que me necesitas para levantar vuelo o solamente para encaminar la tarde. Gracias por esas charlas de consulta que son la tisana que necesito para escucharme en el cobijo de tus paredes blancas. Gracias por estar en mi vida, en la de los míos y sumarlos como tuyos.

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