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Por Gabriel Ríos

El Sr.
Presidente Municipal de Celaya aumenta cada día su popularidad entre los
inconscientes que integran el
PCMyPSAySCSVVAyCANSII
(Partido
de Ciclistas, Motociclistas y Patinadores Sobre las Aceras y en Sentido
Contrario Sobre las Vias Vehiculares,  Anexos y Conexos, Asociación No Sindical de
Irresponsabilidad Ilimitada)
Una
minoría trae en jaque a los peatones y por oscuras razones (oscuras porque no
se han dado a conocer abiertamente), aumentan en su deleznable incidencia al
paso del tiempo.
Hipótesis:
1. No existe un marco legislativo debidamente
reglamentado para abordar este fenómeno.
2. Existe tal marco legislativo pero no se
adapta a la situación actual
3. Existe un marco legislativo adaptado a la
situación actual pero no se ejerce
4. No hay recursos públicos suficientes para
ejercer el marco legislativo y jurídico
5. No hay voluntad política para abordar este
problema
6. Hay obligaciones de la representación y
ejecución pública que no se ejercen porque no dejan ganancias espurias
(sobornos de vendedores y usuarios de los vehículos.)
7. Y así sucesivamente
Un egregio
priista en alguna ocasión dijo que la Política es la Ciencia de lo Posible. El
C. (me reservo su nombre pero vive en Celaya) me dijo que el único mundo
perfecto es el que imaginó Aldous Huxley, autor de Un Mundo Feliz. ¡Viva el
Conformismo! ¡Viva la corrupción! (Casi igual a “Liberté Egalité et Fraternité”;
ya casi llegamos.)
Mi
sentido común me dice que los políticos, con puesto público o en antesala,
solamente reaccionan a trancazos…pero no los trancazos para ellos, sino para
las ciudadanas y ciudadanos indefensos. Raspones, fracturas y, de rebote,
insultos de los infractores a sus víctimas. ¿Dónde he visto esto? Ciertamente,
en los comercios donde el dueño está tras una reja y los delincuentes andan
libres, campeando por sus respetos.
Un joven
me acaba de embestir con su motocicleta en una banqueta y cuando le hice ver
que era impropio manejar una motocicleta sobre la acera me dijo “Es que aquí
vivo”. Tanta estulticia merece más mi compasión que mi rencor. Suponga usted, sin
conceder, que uno de estos infractores agrede a un ser querido de usted. ¿Le
perdonará y enviará a un curso de rehabilitación de civilidad? Algún bucólico
personaje dijo “Que se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”.
“¿Y los progenitores Apá?”

Estadísticamente
hablando, es improbable que usted meta en cintura a la gente referida.
¿Necesita heridos de gravedad o muertos para que sea notoria su labor? Podría
colocar un cadáver junto al letrero que está en la esquina sur-poniente del
Jardín Principal y que prohíbe el uso de vehículos dentro de la zona peatonal y
añadir un letrero al actual que diga “No te va a pasar nada si no obedeces a
este letrero”. Y luego se quejan de Donald Trump. ¡El enemigo está en casa!

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