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¿De quién se esconden los panistas?

Aunque ya están bastante grandecitos para jugar a las escondidas, lo cierto es que funcionarios y regidores del PAN se niegan recio y quedito a volver públicas las reuniones del gobierno.

Quedito en lo público por supuesto, como en las sesiones de Ayuntamiento donde votan (sin alterarse) en contra de toda propuesta de apertura, porque en lo privado de las reuniones de comisión o en los consejos ha habido hasta gritos e insultos, al grado de alinearse Jorge Armengol, el contralor de chocolate Rubén Guerrero, el director del Instituto de Cultura Dagoberto Serrano, y el gris presidente del Consejo del mismo instituto cuyo nombre se olvida por gris precisamente, para negarse a la presencia de la prensa en la presentación del Plan de Trabajo de Serrano.

A gritos y manotazos repudiaron atender a la Ley Orgánica para los Municipios que señala que las reuniones de ese tipo son públicas, y bajo el argumento de que “nadie ajeno al consejo debería estar ahí”, fueron sacados un periodista y el asesor de la Regidora morenista Bárbara Varela, quienes grababan el comienzo de sus descomposturas. Los gritos y manotazos, claro, contra la regidora.

Lo raro es que tanto personal auxiliar del director como la asesora de la regidora Mónica Delgado permanecieron en la reunión sin aparente problema, siendo precisamente ajenas al Consejo… 

Parece que el síndico interpreta las leyes no solamente a modo, sino de forma discrecional.

El asunto llegó a tal grado que varios regidores tuvieron qué intervenir en Sesión de Ayuntamiento para mostrarle al síndico Jorge que, si a interpretar las leyes hasta torcerlas jugamos, hay otros varios modos, tesis, jurisprudencias, colores y sabores que indican que el acceso a la información es un derecho primordial, y lo hicieron hasta que simplemente se quedó callado y sin Carbonell que lo defendiera.

Elvira Paniagua por su parte, en lo público sostiene que todo debe ser abierto, pero su fracción política se comporta de un modo opuesto y de formas hasta violentas, por lo que se deduce que la postura de la alcaldesa es de dientes para afuera y la línea que les dicta va por otro lado.

Y una clara señal es que, desde que asumió la alcaldía, Elvira no publica su agenda del día en la página web del Municipio. Ya no digamos que a varios periodistas no les llega, sino que ningún celayense, incluyendo a todos los que votaron por ella, está en la posibilidad de saber si su presidenta está en su despacho o dónde está. Parece que no quieren “sorpresitas” en los eventos, y vale más la foto perfecta que la transparencia.

La pugna por el derecho de la ciudadanía a la información, ese derecho al que obliga la ONU en todos lados menos en Celaya, todavía seguirá otro rato.

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