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G. Saúl García Cornejo.

¿Qué deja atrás la cancelación del NAIM?

Al momento pocos podrán responder. A la vista, queda en el aire una inversión multimillonaria, cientos de personas sin trabajo, una tierra desolada, daños ecológicos y en particular, desconfianza y preocupación en el futuro próximo del llamado “nuevo régimen”.

Un mal sabor, al ver cómo un puñado de gentes deciden sobre un asunto que ignoran lo más elemental y peor, la vanagloria de AMLO y sus asesores, que ya se presentan triunfalistas.

¿Por qué la decisión? ¿Era un plan anticipado? ¿A quiénes favorece en realidad el cambio de lugar de nuevo aeropuerto?

También son inquisiciones de difícil respuesta: No tenemos el común de los mortales la información suficiente, fidedigna. Más allá de la pregonada corrupción, no es fácil creer en tanta belleza, como se dice luego. Nos tienen acostumbrados a que siempre hay un plan con maña.

La insistencia soterrada de AMLO y sus asesores de vendernos la supina idea de que sería o es, la decisión popular –y no de sus promotores- la responsable del cambio de proyecto, no se la cree ni un parvulario. Y no se trata de una crítica sin sentido para lo que se vislumbra como “el gobierno del cambio”. Porque a estas alturas no podemos aceptar a ciegas todo lo que se nos proponga por el presidente electo y sus consejeros.

No debemos dejar de lado la “larga campaña” de López Obrador y todo ése tiempo no pudo pasar en vano, es decir, tuvo que estar forjando sus propios planes y su condición humana –como la de cualquiera- es proclive también, a la tozudez, incluso a una especie de desquite, visible al imponer ideas, al desdeñar críticas y análisis, por serios y contundentes que sean.

Otra situación que nos debe preocupar y ocupar, es que hay problemas nacionales de mayor envergadura y efectos nocivos que el NAIM y, que no son todavía tomados en cuenta, verbigracia: La jodencia y el alto precio de los combustibles, que incide en forma directa en la economía familiar, tengamos o no vehículos automotores.

Ah, pero ya el mismo EPN anunció nuevos “descubrimientos” de yacimientos petroleros en el Golfo de México, de ése hidrocarburo “ligero” que se requiere para su conversión a gasolina. Y AMLO, de plácemes por supuesto.

Es cierto al igual, -en el imaginario social, por supuesto- que AMLO ya es el presidente, con todo y que la Carta Magna marque tiempos y formas, protocolos para la ascensión. Así lo ha hecho valer y lo dejamos hacer.

Podemos conjeturar que se trata sólo de un simple ejercicio “democrático”, cuyo beneficio político será para los mexicanos, que así, las cúpulas mal acostumbradas verán que ahora sí, el Pueblo “manda”, que se ahorrarán 100 mil millones de pesos, -aunque no nos dicen cuánto costará la penalización por cancelar la obra- se habla de legalidad, y que ya “empieza la solución” del problema, relativo al fin, del tráfico aéreo de la ciudad de México, etc., pero la realidad es otra y no vemos la gravedad: AMLO desdeña así, el Estatuto Constitucional, sigue jugando con la esperanza por la democracia; aunque el método sea oclocrático (El poder de la muchedumbre, en que ésta decide sin información y manipulada por algunos actores políticos) fase última antes de llegar a la degradación del poder, como apuntó Aristóteles.

De ser así, imperará la manipulación, la demagogia, la irracionalidad política,  los prejuicios sociales que alejan la concordia y la unidad social, el nacionalismo y las reivindicaciones mal entendidas y peor manejadas, información sesgada o manipulada. En pocas palabras: Más y peor, de lo que nos quejamos de los regímenes priístas y/o panistas o asociados ambos. ¿Por qué?

Simple: No hay todavía completos los estudios pertinentes para el proyecto alternativo, ni vinculación jurídica o legal, para iniciarlo, hoy concretizado por menos del 1% de los ciudadanos con derecho a votar; sin perjuicio de que EPN haya dicho que “su gobierno” no moverá nada, lo que al igual es risible pues falta menos de un mes para el arribo formal y constitucional de AMLO –aunque eso no lo ha limitado- como nos muestran ambos “presidentes” que hablan porque pueden.

Sinceramente espero equivocarme, pero eso no quiere decir que al igual que muchos, me quedaré viendo pasar. Hay que insistir en que las riendas del País, deben estar en buenas y mejores manos. Ojalá que AMLO escuche todas ésas voces críticas, pues es mejor una crítica que una lisonja.

Ya se tilda como “El error de octubre” la medida “democrática” de la consulta pública, en alusión al famoso “error de diciembre” lanzado como “bola caliente” a Ernesto Zedillo Ponce de León, por su antecesor. ¿Marcará a López Obrador su decisión?

Tomando ése “toro” (De las encuestas para decidir asuntos álgidos), no por los cuernos, sino con una diestra faena, habrá que preguntar a AMLO y sus asesores: ¿Para cuándo la consulta para determinar si se queda, sube o baja el precio de los combustibles? Por supuesto sería bueno incluir las tarifas por consumo de electricidad. No tiene sentido esperar una “reforma constitucional”.

Nota: De última hora, al momento de escribir estas líneas, me llegó una “invitación” a firmar un apoyo (dicen ahí mismo, que requieren 150 mil) a un individuo que promovió un Amparo en contra de la decisión y su procedimiento, para “cancelar” el proyecto del NAIM. ¡Otra ocurrencia más, que pone en juego a la gente! El mismo convocante refiere que AMLO no es presidente constitucional todavía, lo que da respuesta fulminante a la improcedencia de su “Amparo”, es decir, AMLO no representa al Ejecutivo Federal y por lo tanto, no es autoridad, y su “decisión” no es un “acto de autoridad”. Igual sucede con la “convocatoria” para que los empresarios constructores de aeropuerto fallido, hagan algún convenio con AMLO y/o Javier Jiménez Espriú.

¿Hasta dónde llegará la “guerra” de ocurrencias garrafales?

¿Qué opinan, estimados lectores?

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