16 mayo, 2021

Arañazos al suelo

Arturo Miranda Montero

Hacerse de la tierra municipal es la mayor ambición de los que se meten a los ayuntamientos.

No se crea que unas lanitas por debajo de la mesa son las razones de regidores, síndicos y funcionarios que les mueven para enriquecerse. Eso son baratijas. La verdadera ganancia es la licencia de uso del suelo que se convierte en propiedad para mucho tiempo y rédito.

Si usted es regidor y sabe que se construirá una vía de comunicación, no está nada mal que me haga de los terrenos por donde pasará, o hasta un sobrante de la construcción que se puede transformar en locales o qué sé yo. Si usted es un personaje ligado al gobierno municipal puede lograr que su fraccionamiento sea aprobado dándole a los ayuntantes un lote o varios, una o varias casas, según el sapo.

Si es muy cuate de los del gobierno municipal puede organizar patronatos o asociaciones de todo tipo para que le dejen plazas y jardines que administrará al contentillo, mochándose de cuando en cuando con sus valedores oficiales.

O de plano, usted es simplemente un prestanombres de los del municipio para hacerse de licencias que dejarán hartos beneficios privados.

Todo se puede y se hace con el suelo municipal porque es en los ayuntamientos donde se decide qué sí y qué no. El ayuntamiento es el único que tiene las facultades de ordenar, controlar, expedir, aprobar, modificar, conceder o negar y resolver usos y destinos del suelo. Esa es la verdadera cueva del tesoro.

Lo que está pasando en San Miguel Allende y en Guanajuato, por ejemplo, es una vil demostración del agandalle del poder. Para eso quieren el ayuntamiento.

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