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Jesús Sosa León
Apenas el presidente Donald Trump, en
uno de esos arranques mediáticos que acostumbra, advirtió que los Estados
Unidos abandonarían el Tratado de Libre Comercio, muchos corazones en México se
paralizaron. Luego, cuando la misma administración de Trump esparció un rumor
señalando que ya se estaba alistando un decreto para retirar a Estados Unidos
del Tratado, asegurando que ya hasta había un borrador del documento, el peso mexicano
sufrió un desplome tal que alarmó y cimbró al sistema financiero y al gobierno
mismo.
Con el paso de las horas, la tempestad
se calmó cuando aparece ante los medios el mismo Trump, en el papel de
perdonavidas, anunciando que luego de las conversaciones telefónicas que había
tenido con el presidente mexicano Enrique Peña Nieto y con el primer ministro
canadiense Justin Trudeau, aceptó “no abandonar el TLCAN en este momento”,
aunque advirtió: “si no llegamos a un acuerdo justo para todos, entonces
terminaremos el TLCAN. Las relaciones son buenas, un acuerdo es muy probable”.
El mandatario de Estados Unidos sigue
asegurando que en el 2016 registró un déficit comercial de bienes y servicios
de 62.000 millones de dólares con México, pero tuvo un superávit de 8.000
millones con Canadá.
Un periodista, especialista financiero,
Alberto Nájar, acepta que la economía de esta área es muy, pero muy, distinta a
la que existía antes de 1994 y que, desde la firma del TLCAN, existen sectores
que han resultado muy beneficiados con el acuerdo y otros que ya se encuentran
en serios problemas.
Uno de los sectores ganadores, es la
industria automotriz en México; datos del Inegi, confirman que la exportación
de automóviles mantiene un crecimiento promedio de 12,6% anual.
En el año de 1993 existían en el país 13
plantas automotrices; ahora son más de 30 e incluso para el año próximo se
espera la instalación de dos nuevos complejos ensambladores; aquí en Celaya y
la región Laja Bajío, tenemos muestras palpables de ello, gracias a la
instalación de estas plantas, hay más derrama económica, mas empleos y
planteles escolares que se están especializando en la enseñanza de este rubro.
Este impacto alcanza a otros sectores inherentes
a la actividad automotriz, como los fabricantes de cristales, llantas, pintura
y refacciones en general.
Por contraparte, el poderoso sindicato
AFL-CIO, que agrupa a los trabajadores del sector industrial en Estados Unidos,
asegura que el tratado  ha significado la
pérdida de 700.000 trabajos, la mayoría de los cuales se han venido a México.
El Economic Policy Institute,  centro de investigación laboral
estadounidense, asegura que de esos empleos perdidos, 415 mil correspondían a
empleos industriales, incluyendo cerca de 150.000 trabajadores en fábricas de
equipos electrónicos, y 108 mil trabajos en el sector automotriz.
La ciudad de Detroit, núcleo de la
industria automotriz, ha salido como el peor librado. Según EPI, 46 mil puestos
de trabajo desaparecieron como consecuencia. California perdió 86.000 empleos,
mientras que Texas perdió 55 mil plazas laborales.
Como mexicanos, los reclamos de Trump
duelen; pero estamos a tiempo de reformular y diversificar nuestra economía
para que no nos afecten más de lo que quisiéramos.

Aunque, tiene usted razón: con este
gobierno nuestro, tan corrupto e ineficiente, todo se puede esperar, menos
talento y creatividad. Y mucho menos energía…

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