Dom. Sep 27th, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Camilo José Cela

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Por.- Florencio López Ojeda
DEL OPROBIO A LA INDEMNIZACIÓN, O PARÁBOLA
DEL GATILLAZO PROPIO Y EL CACHONDEO AJENO
El diccionario de la Real Academia
Española no registra la acepción que aquí conviene- y que, sin duda, el lector
honesto adivina o está apunto de adivinar- de la voz “gatillazo”, circunstancia
de la que San Ramón Nonato a todos libre, y me parecería  pecado de soberbia el suponer que, por
extensión de concepto o ampliación de sentido, pudiera caberle el enunciado que
en el ilustre lexicón se expresa: “golpe que da el gatillo en las escopetas y
otras armas de fuego, especialmente cuando no sale el tiro”. No; llamar arma de
fuego a ciertas recónditas armonías más afines con la caña de pescar, es, a
todas luces, exceso imperdonable.
La verídica historia en cuya contemplación
nos detenemos es muy escueta en la noticia: “Pantaleone Terranova, caballero
calabrés, dio gatillazo por culpa de la compañía de la luz (más abajo se
explica el cómo y el porqué del sucedido) y ésta, para compensarle del
vilipendio, el descrédito y la humillación sufridos, fue condenada por el Juez
a pagarle una indemnización”.
El gatillazo de don Pantaleone fue el que
los clásicos llaman gatillazo doméstico o conyugal, esto es, el habido en
justas nupcias por los jefes de negociado y demás honestas especies afines, y
que en los tratados de moral se contrapone al gatillazo adulterino o por la
libre, osea, el producido en el concúbito no santificado y que suele ser propio
de cómicos, poetas líricos, militares sin graduación y otras lujuriosas suertes
de comportamiento.
Llovía sobre Reggio Calabria, ¡a veces
pasan cosas inexplicables! Y don Pantaleone, quién sabe si para celebrar la
bendición del cielo que caía sobre los secos campos, se encontraba en el tálamo
nupcial y haciendo uso del matrimonio -¡obsérvense que hermosa forma de señalar
por lo fino!.- cuando dos obreros de la ENEI (Empresa Nacional de Electricidad
Italiana) que andaban por el tejado arreglando una avería, rompieron unas tejas
y abrieron, aún sin querer, un hueco por el que coló un violento chorro de agua
que dio en la nuca al conyugue descabalgando a contrapelo de su voluntad y aun
de su instinto. ¡También es mala suerte! En don Pantaleone, que era hombre
pudoroso y de sentimientos delicados, al recibir semejante baño difícil de
preveer, se produjo tal choque emocional que, de la impresión, “permaneció dos
meses inapetente e impedido de gozar de la vida del matrimonio” ¡Los hay como
mantas, sí, pero también los hay como mala suerte!, en los muchos años que
llevo dedicado a la investigación del gatillazo y sus motivaciones, es este el
primer caso de semejantes características que registro; mi sabio amigo y
maestros el profesor Hans Oppenwheiter, 
a quien pregunte por teléfono a su clínica de Zurich, tampoco sabía de
ninguno el gatillazo, suele ser de origen físico, psíquico o mediopensionista
pero del gatillazo por ducha inmediata hay muy escaza bibliografía don
Pantaleone Terranova, el frustrado amador de la localidad de Fagnano Castello,
de la brava Calabria, cobró de la compañía de la luz 450, 000 liras que le
recetó el Juez (él pedía 150 millones, pero el juez estimó que un gatillazo y
dos meses de castidad forzosa no valían tanto dinero), sonrió al tendido y
espero a que el tiempo – que todo lo cura- le curase de sus inhibiciones y
temores.
Las penas con pan son menos y del oprobio
a la indemnización no hay más que un paso.

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