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Enrique R. Soriano Valencia
¿Latinoamérica
o Iberoamérica?
La región
comprendida entre el río Bravo (que limita los territorios de EE. UU. y México)
hasta Tierra de Fuego (la zona más cercana al polo Sur desde América),
incluyendo las Antillas, se le llama Latinoamérica… pero eso sucede en América;
en España sus hablantes llaman a esa zona, Iberoamérica. No por romper
tradiciones, ni malinchismo ‒como se suele adjetivar a las
simpatías por algo no vernáculo‒, me parece
más precisa la segunda forma de llamar a toda esta región; aunque, de forma por
demás extraña, ninguno de ambos vocablos está recogido por el Diccionario de la Lengua Española.
«Se suelen
considerar como pueblos latinos aquellos cuya lengua, herencia cultural o
étnica (o todas ellas) se derivan de la lengua de la Roma antigua», cita
textualmente Wikipedia. A pesar de que la enciclopedia electrónica lo enuncia
como un concepto generalizado (por eso la conjugación es impersonal: «Se
suele…»), en realidad es porque así han nombrado a la región los
norteamericanos debido al uso de lenguas de ascendencia latina: español y
portugués. En términos estrictos, la herencia cultural tiene más tientes
nativos que de la cultura romana. Incluso, la religión católica ‒también difundida por Roma‒ es con mucho, en estas tierras,
expresión sincrética. El nombre ‘Latinoamérica’ es más un anglicismo,
estrictamente hablando, que un término acuñado por los propios habitantes de la
región.
‘Hispanoamérica’
tampoco es el término más preciso. Ese vocablo solo abarca a las naciones que
tienen el español como idioma materno. Esa voz deja de lado, por tanto, a
países como Brasil, de habla portuguesa; Haití, de lengua francesa, con mucha
presencia del inglés; Belice, de habla inglesa; en Santa Lucía el 95% de la
población habla un idioma local, a pesar de que el inglés y francés son los idiomas
oficiales; y en la Guayana Francesa una mezcla de inglés, francés, portugués y
español, llamado criollo, es el que se usa. Por lo tanto, tampoco la región debe
ser llamada ‘Hispanoamérica’. Ese nombre solo es aceptable para los países con
el español como lengua materna.
Por ello,
el vocablo más cercano a comprender América del Sur, Centro América, las
Antillas y Norteamérica hasta el Río Bravo, sería Iberoamérica. Su limitante es
que hace referencia a la región que tuvo por influencia España y Portugal. Pero,
históricamente, también hubo presencia francesa, italiana, alemana, holandesa
y, desde luego, inglesa.  Aunque se debe
puntualizar que la piratería y tráfico de humanos no fue tan decisiva porque ni
Portugal, ni España lo permitieron. No obstante, esas actividades marcaron el
idioma y la fundación de muchos pueblos en la región. Por ello, la cultural
mayoritariamente decisiva fue la peninsular ibérica.
A
diferencia del término Latinoamérica, ‘Iberoamérica’ no hace referencia hacia
una etnia, como sí sucede con el primer término. España y Portugal fueron un
crisol donde hubo mezcla de sangre sajona, celta, ibera, etrusca, goda,
visigoda, árabe y, desde luego, romana. A ellas, se debe agregar las sangres
amerindias. Es decir, que en toda esta región si se fundieron las culturas de
esos países con los locales; a diferencia de Norteamérica, donde se buscó
exterminar a los grupos indígenas. Es decir, lo único que nos emparienta con lo
latino es el idioma y ello de forma secundaria, ni siquiera directamente. La
cultura occidental, de la que también son herederos los estadounidenses, nos
llega de España y Portugal y a ellos de la Gran Bretaña. Pero nosotros somos
mezcla: ellos no. 
Históricamente, ellos pretendieron mantenerse puros, sin
fundirse con los grupos locales. Por ello, ‘Latinoamérica’ lo encuentro un
vocablo hasta cierto punto con aires racistas.  
No obstante
este razonamiento, el vocablo ‘Latinoamericano’ ha arraigado tanto entre los
que habitamos esta región que difícilmente se sustituirá por ‘Iberoamericano’,
con mayor merecimiento para aplicarlo.

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