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Enrique R. Soriano Valencia

La lectura

Según Inegi –datos de 2018–, solo el 45% de la población ha leído un libro completo. Más de la mitad de la población no ha sido tocada por este instrumento social tan significativo para la evolución de la sociedad. Habrá quien diga que no le ha pasado algo por no haber leído un
libro completo… se equivoca, seguramente si hubiese leído sería otra persona. La lectura aporta a la personalidad información para la toma de decisiones. Por supuesto que quien no leyó en su vida no puede imaginar las alternativas que pudo tener o conseguir de hacerlo. Leer siempre ofrecerá un mundo de posibilidades pues ningún cerebro es igual antes y después de
un libro.

La semana pasada se presentó la Estrategia Nacional de Lectura. A mi juicio, vestirlo con la
sólida historia de Enrique González Martínez –poeta y médico– fue impecable. No obstante,
dejar el concepto –al menos esa sensación deja la mayoría de las notas informativas– de que la
estrategia se fundamentará únicamente en libros baratos es restar fuerza a una acción que
reclama con urgencia el futuro del país.

Una de las premisas para leer es disponer de libros. Nadie puede hacer algo si no cuenta,
cuando menos, con el instrumento. Por ello, abaratarlos es importante. Sin embargo, la
siguiente parte es… la voluntad de leer y el contenido. Y es aquí donde se complica el punto.
¿Cómo lograr la voluntad, el deseo, la decisión de tomar un libro para terminarlo?, porque
contenidos de muy alta calidad, los hay, tanto nacionales como extranjeros.

Por ello, la voluntad para leer es el escollo más importante. Como primera instancia, la
mayoría de nosotros no contamos con la disciplina para concentrarnos. Nos suele suceder que
iniciamos la actividad y, en muchas ocasiones, la interrumpimos porque nos cruza por la mente
otra que de momento parece reclamar mayor atención o placer.

Decía Atila, el gran líder de los hunos, quien casi conquista y destruye Roma –despreció entrar
a la ciudad y por eso se salvó–: «El mejor guerreo no es aquel que conquista ejércitos y
territorios… el mejor guerrero es aquel que se conquista a sí mismo», dijo. Dominarse,
disciplinarse –y también lo sostiene Daniel Goleman en su libro sobre La inteligencia
emocional– hace persona más felices porque es más probable que logren sus metas. Quien es
capaz, dice Daniel Goleman, de posponer un gusto por invertir en uno mayor a futuro, es más
exitoso. Y, normalmente, el éxito está vinculado a la felicidad.

Mi recomendación es que para la lectura, no busque el sitio más cómodo –porque su cuerpo
se relajará y solo le provocará somnolencia porque los ojos se cansarán al tener una actividad
no usual–; encuentre un sitio donde nada le interrumpa. Mi padre, de quien heredé el gusto
por la lectura, solía encerrarse en el baño. Con el paso del tiempo me enteré que muchos
grandes lectores hacían lo mismo: Umberto Eco –padre de la semiótica moderna– y Octavio
Paz, mexicano de primera línea, incluso embajador de México en dos diferentes países y
premio Nobel de Literatura; ambos tenían libreros en el baño.

Para fortalecer la voluntad de leer y se transforme en hábito, inicie por relatos o cuentos de los
temas que le interesan: misterio, policial, terror, ciencia ficción o aventura. Eso lo atrapará y
empezará a disfrutar una de las más apasionantes actividades. Leer, como a Julio Verne –que
jamás salió de Francia, porque así se lo prometió a su padre–, nos lleva a visitar los más
recónditos lugares de la Tierra, el mar y del propio Universo. El cosmos mismo se encuentra
atrapado en las letras.

Leer propicia la capacidad de identificarnos con otras personas, lo que nos puede hacer más
solidarios. Esa es una necesidad fundamental en momentos de crisis para una nación. Los
habitantes de nuestro territorio fueron fácilmente dominados por los conquistadores
europeos porque no se toparon con unidad entre las diferentes culturas de entonces. Leer
hace solidarias a las personas, las une y en estos momentos es importantísimo para el país.
La lectura no solo debe fomentarse entre las nuevas generaciones. A las anteriores, nos
reporta grandes beneficios: previene el Alzheimer, aleja los sentimientos de soledad, da tema
de conversación con el resto de la familia, mantiene la mente atenta y ofrece instrumentos
para apoyar a hijos y nietos. La lectura no se limita a libros baratos, es comprometerse consigo
mismo para ser feliz.

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