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Cómo usar el diccionario
Enrique R. Soriano Valencia
Propósito de esta columna ha sido ofrecer a usted, amable
lector, información que le permitan conocer mejor nuestro idioma. Sin embargo,
hoy trataré un tema relacionado: cómo usar el diccionario.
Parece elemental el asunto, pero no lo es tanto. La mayoría
de nosotros desde pequeños no hemos sido bien instruidos en cómo utilizar este
preciado documento. Ha sido reducido a una fuente de información de cómo se
escribe una palabra. Me refiero a que lo limitamos a un documento de consulta
ortográfica y, menos frecuente, para verificar significados. Vemos en él si una
palabra lleva o no alguna letra dudosa (h, c, s, b, v, etc.) o si se le escribe
con acento gráfico o no. Cierto es que esa información es muy importante, pero
dejar de lado el resto de lo consignado es riesgoso, pues podríamos
equivocarnos al usar el vocablo o querer dar un sentido que no corresponde.
Permítame explicarme.
¿Sabía usted que existen palabras que se pronuncian igual
pero significan cosas distintas? (homófonos). He aquí un primer riesgo.
Regularme buscamos en el diccionario la palabra como suena. Si la encontramos,
de inmediato nos damos por satisfechos y procedemos a escribirla como la vimos.
Hay muchas palabras con sonido similar y ortografía distinta: baca / vaca; cima
/ sima; haya / halla;  intención /
intensión. La lista no es exhaustiva, pero nos alerta para no cerrar el
diccionario sin verificar el significado (compararlo contra lo que deseamos
expresar). De no coincidir, deberemos buscar otra forma de escribir la palabra.
Pocas veces valoramos la abreviatura antes del significado.
Ésta puede indicarnos el tipo de origen de la palabra, su clasificación
gramatical, la especialidad en que se usa, etc. La abreviatura puede variar de
diccionario a diccionario; por ello al inicio del libro, antes del conjunto de
palabras, siempre se incluye un listado de abreviaturas usadas (no todas las
abreviaturas son invariables).
Cuando se trata de un sustantivo, la abreviatura puede
limitarse al género: masculino, m. / femenino, f. /ambiguo, amb. / neutro, n.
Cuando consultamos la palabra mesa, aparece inmediatamente después una f. Eso
nos indica que la palabra es femenina y puede requerir el artículo la para
singular o las para plural. Esto último parecería muy elemental, hay palabras
que el género las distingue: la radio / el radio; la orden / el orden. 
Cuando encuentre una palabra y el diccionario le dé por
definición la misma palabra pero con diferente ortografía, le está indicando
que las dos formas de escritura son válidas. Sin embargo, será preferente en la
que aparezca la definición, no la de escritura diferente. Por ejemplo tenemos
carmesín y carmesí. En el diccionario, de la primera de las mencionadas lo remite
a la segunda. En esta última aparece el significado. Entonces, la forma
preferente de escribirla es la segunda opción, pero ambas son válidas. No son
los únicos vocablos; también tenemos quilómetro y kilómetro.
Ahora, si por alguna razón aparecen dos palabras idénticas
solo diferenciadas por la tilde, entonces la que aparece primero es la
recomendada. Por ejemplo, en las ediciones antiguas del DRAE, en la entrada
para la dilatación permanente de una vena, dice: ‘várice o varice’. Ello
significa que ambas formas están admitidas, pero ‘várice’ es preferente. En el
nuevo DEL lo marca mejor al enunciar «várice tb. varice», donde ‘tb.’ es la
abreviatura de ‘también’. Eso da a entender que la segunda también se admite.
Respecto a las distintas acepciones (significados de una
misma palabra), normalmente las enunciará por orden de importancia. Consulte en
el Diccionario la palabra levantar, por ejemplo. Encontrará que tiene treinta y
cuatro acepciones. Al revisar las finales, notará que les son menos familiares,
pues, precisamente, son las menos usuales.
Además de los significados estrictos de los vocablos, el
Diccionario expone las locuciones. Estas son construcciones o combinaciones con
otras palabras que rebasan estrictamente el significado de sus elementos. Es
decir, son grupos de palabras que funcionan para dar un sentido ya fijado
socialmente. Ejemplifico con el verbo ‘estar’ y alguna de sus múltiples
locuciones. Por ejemplo, en una revista científica cuando se refiere a que se
desconoce algún aspecto puede recurrir a la locución verbal coloquial ‘estamos
a oscuras’. Estrictamente, no se refiere a falta de luminosidad, sino que asume
que la luz también reporta conocimiento. Por tanto su ausencia,
desconocimiento.

El Diccionario, en este último sentido, se vuelve un
instrumento ideoconstructivo. Por ello, para un adecuado manejo, para ser más
eficientes al comunicarnos o para dotar de variedad expresiva, el diccionario
es un recurso de gran valía.

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