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Arturo Miranda Montero

Con el desabasto de gasolina, la histeria ha mostrado los dientes.

Los gobernantes se descubren simples promotores de los negocios dependientes del carburo. No gobiernan, administran sus esfuerzos en aras de los que tienen algo; de los demás ni en cuenta.

La ciudad de Guanajuato es de todos, pero hay pocos que se la quedan excluyendo a los otros. En la ciudad los más sobreviven, menos la viven y pocos se enriquecen. La mayoría se mueve en la desocupación o en la informalidad haciendo lo que sea para obtener algo para el día a día; los trabajadores y empleados están sujetos a condiciones de trabajo no necesariamente favorables a ellos (destacan miserablemente mineros y meseros); y los que dicen ser empleadores e inversionistas en realidad cierran el círculo entre ellos y quienes toman las decisiones urbanas.

La capital viene del abandono minero allá por mediados del siglo pasado; su despunte como atractivo turístico apenas sí tiene unas cuatro décadas y nunca se ha tenido idea de cómo construir esa industria que beneficie a la ciudad y a sus habitantes todos; se ha preferido darla al turismo tópico (ese que solo visita lugares pero no ve a la ciudad integral) y se han otorgado licencias y permisos para antrificarla. Hoy por hoy es un tianguis creciente, porque está en el ánimo y en la idea de los actuales administradores hacerla así, ya que deja en la recaudación y en los moches.

La ciudad turística es un verdadero botín de fuereños aupados por los gobiernos que medran en su beneficio, encareciendo al sector que excluye a los habitantes en aras del dinero que deben traer los visitantes (malandros incluidos).

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