29 octubre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Como hacer frente al Fundamentalismo

4 minutos de lectura
Por. Leonardo Boff
            Actualmente
se produce en todo el mundo un aumento creciente del conservadurismo y de
fenómenos fundamentalistas que se manifiestan por la homofobia, xenofobia,
antifeminismo, racismo y todo tipo de discriminaciones.
El fundamentalista está convencido de que su verdad es
la única y todo lo demás son desviaciones o 
está fuera de la verdad. Esto es recurrente en los programas televisivos
de las distintas iglesias pentecostales, incluyendo a sectores de la Iglesia
Católica, pero también en el pensamiento único de sectores políticos. Piensan
que sólo la verdad, la de ellos tiene derecho. El error hay que combatirlo.
Este es el origen de los conflictos religiosos y políticos. El fascismo empieza
con este modo cerrado de ver las cosas.
¿Cómo vamos a hace frente a ese tipo de radicalismo?
Hay muchas formas y creo que una de ellas consiste en rescatar el concepto
bueno de relativismo, palabra que muchos no quieren oír. Pero en él hay mucha
verdad.
Debe ser pensado en dos direcciones: En primer lugar,
lo relativo quiere expresar el hecho de que todos estamos de alguna forma
relacionados. En la  perspectiva de la
física cuántica, la encíclica del Papa Francisco insiste sobre cómo cuidar de
la Casa Común: «todo está íntimamente relacionado; todas las criaturas existen
y dependen unas de otras» (n.137; 86). Por esta interrelación todos somos
portadores de la misma humanidad. Somos una especie entre tantas, una familia.
En segundo lugar es importante comprender que cada uno
es diferente y tiene valor por sí mismo, pero está siempre en relación con
otros y sus modos de ser. De aquí que sea importante relativizar todos los
modos de ser; ninguno de ellos es absoluto hasta el punto de invalidar los
demás. Se impone también una actitud de respeto y de acogida de la diferencia
porque, por el simple hecho de estar ahí, goza del derecho de existir y de
coexistir.
Es decir, nuestro modo de ser, de habitar el mundo, de
pensar, de valorar y de comer no es absoluto. Hay otras mil formas diferentes
de ser humanos, desde la forma de los esquimales siberianos, pasando por los
yanomamis de Brasil, hasta llegar a los habitantes de las comunidades de la
periferia y a los de las sofisticadas Alphavilles, donde viven las élites
opulentas y temerosas. Lo mismo vale para las diferencias de cultura, de
lengua, de religión, de ética y de ocio.
Debemos ampliar la comprensión de lo humano mucho más
allá de nuestra concreción. Vivimos en la fase de la geosociedad, sociedad
mundial, una, múltiple y diferente.
Todas estas manifestaciones humanas son portadoras de
valor y de verdad. Pero son un valor y una verdad relativos, es decir,
relacionados unos con los otros, interrelacionados, ya que ninguno de ellos,
tomado en sí mismo, es absoluto.
¿Entonces no hay verdad absoluta? ¿Vale el “everything
goes” de algunos posmodernos? ¿Vale todo? No vale todo. Todo vale en la medida
en que mantiene relación con los otros, respetándolos en su diferencia y no
perjudicándolos.
Cada uno es portador de verdad pero nadie puede tener
el monopolio de ella, ni una religión, ni una filosofía, ni un partido
político, ni una ciencia. Todos, de alguna forma, participan de la verdad, pero
pueden crecer hacia una comprensión más plena de la verdad, en la medida en que
se relacionan.
Bien decía el poeta español Antonio Machado: «No tu
verdad. La verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Si la
buscamos juntos, en el diálogo y en la relacionalidad recíproca, entonces va
desapareciendo mi verdad para dar lugar a nuestra Verdad, comulgada por todos.
La ilusión de Occidente, de Estados Unidos y de
Europa, es imaginar que la única ventana que da acceso a la verdad, a la
religión verdadera, a la auténtica cultura y al saber crítico es su modo de ver
y de vivir. Las demás ventanas solo muestran paisajes deformados. 
Pensando así se condenan a un fundamentalismo visceral
que los hizo, en otro tiempo, organizar masacres al imponer su religión en
América Latina y en África, y hoy haciendo guerras con gran mortandad de
civiles para imponer la democracia en Iraq, Afganistán, Siria y en todo el
Norte de África. Aquí se da también el fundamentalismo de tipo occidental.
Debemos hacer el buen uso del relativismo, inspirados,
por ejemplo, en las artes culinarias. Hay una sola culinaria, la que prepara los
alimentos humanos, pero se concreta en muchas formas y en las distintas
cocinas: la minera, la nordestina, la japonesa, la china, la mejicana y
otras. 
Nadie puede decir que sólo una es la verdadera y
sabrosa, por ejemplo, la minera o la francesa, y que las otras no lo son. Todas
son sabrosas a su manera y todas muestran la extraordinaria versatilidad del
arte culinario.

¿Por qué con la verdad debería ser diferente? La base
del fundamentalismo es esa arrogancia de que su modo de ser, su idea, su religión
y su forma de gobierno es la mejor y la única válida en el mundo.

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