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Por.- Jesús Sosa León
El aparatoso incendio ocurrido en la
fábrica de veladoras de Comonfort mueve a pensar en el importante papel que
tienen los gobiernos municipales en la prevención de accidentes tan  dramáticos como ese.
Los municipios del país cuentan, en sus
estructuras,  con una plantilla de
inspectores cuya tarea es la de fiscalizar las actividades comerciales,
industriales y de servicios en cuanto se 
los permiten los reglamentos. Sin embargo, como en la mayoría de los municipios
del país, en Comonfort también estos funcionarios cumplen a su conveniencia la
labor.
Observar las espesas  y negrísimas columnas de humo, mueve a pensar
que,  en lugar de andar correteando
vendedores ambulantes para despojarlos de sus mercancías, las autoridades deberían
vigilar los negocios e industrias de giros tan peligrosos como el que se incendió
en los rumbos de Camacho, allá en Comonfort.
El atemorizante siniestro también impone
la duda acerca de cómo es posible que se permita el funcionamiento de
industrias, talleres o establecimientos de tantísimo riesgo, en medio de
viviendas cuyos habitantes pueden sufrir un siniestro con un número
impredecible de víctimas.
Ante las espantosas llamas que despedía
el material utilizado para fabricar velas y veladoras, también medita uno sobre
los increíbles niveles de apatía con que 
las autoridades asumen su trabajo, practicando al extremo el principio
de la política neoliberal que reza; “deja hacer, deja pasar” pero en un sentido
verdaderamente negativo…
Hay gobiernos que les parece mejor optar
por permitirlo todo y no regular nada, con tal que nadie se meta con ellos y se
les ocurra fiscalizar sus actuaciones o, peor aun, sus movimientos financieros.

Las nubes oscuras que salían del
incendio se podían observar desde todos los rumbos aledaños a Comonfort. En las
redes sociales hay fotos de esto desde Jalpilla, Escobedo y aun desde Celaya. Igualmente
en las redes hay testimonios de ex trabajadores de la fábrica incendiada, que
además de preocuparse por saber si algún compañero podría haber sido lesionado,
 también daban testimonio de las escasas
y casi nulas medidas de protección que existen en esa empresa.
Y aunque suene a “ahogado el niño hay
que tapar el pozo”, los funcionarios municipales y sus ínclitos inspectores,
deberá ser desde ahora, verdaderos fiscalizadores del estado en el que se
encuentran por ejemplo, los puestos de gorditas del mercado, bares, tortillerías,
la central camionera, las fundidoras de bronce y los talleres de pirotecnia. Estudiar
a fondo los reglamentos y, hasta donde se los permitan sus atribuciones,
revisar que existan condiciones para que todos estos establecimientos laboren
con seguridad para sus trabajadores y para la población. Que, en conjunto con Protección
Civil del municipio, revisen la existencia  
de extinguidores, instalaciones de gas, escaleras de incendio, salidas
de emergencia, etc.

Que no se caiga en la apatía y se olvide
este incendio que ecológicamente, vaya usted a saber cuantas toneladas de
contaminantes arrojo a la atmosfera; pero sobre todo, se deje atrás la política
del AQUÍ NO PASA NADA…  

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