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Tomás Bustos

 La certificación es un
procedimiento para garantizar la idoneidad de un ciudadano para desempeñar con
certeza el ejercicio de una función. A medida que pasa el tiempo y las ciencias
naturales y sociales avanzan, la necesidad de acreditar la aptitud de los
profesionales para desempeñar con éxito la función que el estado les ha
conferido, se vuelve una característica insustituible para el fortalecimiento
de las instituciones.
 El derecho universal del ciudadano para votar y ser
votado, ha sido valladar para exigir a los candidatos a cargos de elección
popular, la preparación para desempeñar la función. Con el abandono de las
ideologías, auspiciado por el neo liberalismo, el compromiso moral y jurídico
con la lealtad a las instituciones, ha cedido el paso a un individualismo
carente de vinculación ética. 
El acceso al poder de gentes con ideología
individualista, ha generado en la sociedad una visión patrimonialista del
poder, que arranca de la falta de compromiso con la palabra empeñada y el
abandono de la solidaridad con la institución que le impulsó al ejercicio del
poder. La práctica de contender por un cargo de representación y al no
obtenerlo pasarse a otra institución defensora de antítesis con el compromiso
original, ha contribuido al deterioro de la vida interna de partidos, que se
debilitan por la falta de idoneidad de sus dirigentes. 
Qué es más importante, aunque ambos lo sean: el individuo o el partido. Para efectos de la promoción de la vida democrática, es indudable que el interés del partido deber prevalecer sobre el del militante, especialmente cuando la ley le confiere recursos para hacer valer sus derechos.
La crisis de valores que afecta
seriamente a la sociedad, obliga a revisar los procedimientos para impulsar la
vida democrática, en donde debe prevalecer el mayor bien, para el mayor número. 
La intolerable concentración de la riqueza, amenaza seriamente a los partidos
con ser privatizados. La mejor defensa de los partidos como entidades de
interés público, es perfeccionar sus procedimientos y privilegiar el mérito,
sobre el privilegio de tener un padrino tan fuerte, que haga nugatorias las
virtudes ciudadanas, para acceder al ejercicio del poder. 
Sería oportuno un
acuerdo cupular entre partidos, para liquidar el cacicazgo que amenaza
seriamente la sobrevivencia de los partidos. Llevar a los mejores y más aptos
al ejercicio del poder, garantizará la vigencia del estado de derecho y la paz
social con justicia.

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