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Gabriel Ríos

“Yo no
moriría por mis ideas, qué tal que están equivocadas”: Bertrand Russell
Don AMLO es
más picudo de lo que mucha gente cree (y que no necesariamente piensa). Si me
acostumbro a denunciar o afirmar algo, basado en la información de que dispongo
en el momento, necesito aceptar que esa información puede y debe ser
confrontada por los presuntos denunciados, es decir, derecho de réplica. Eso,
señores, es el método científico y no lo que quieren alegar los conservadores
con su correspondiente ruptura de ropajes.
En vez de deschongarnos
afirmando y descalificando, lo que podemos hacer es aportar argumentos fuertes
en forma respetuosa, comprobando las fuentes de nuestra información y
demostrando la validez de dichas fuentes. Suaviter in modo sed fortiter in re:
amabilidad en la afirmación pero contundencia en los hechos.
Actualmente
se ha creado una atmósfera contra AMLO, precisamente porque no hay esa confrontación
objetiva de ideas. Por ejemplo, el Banco de México afirma que AMLO debe hacer
algo para crear una atmósfera de confianza y evitar un desastre económico. Al
mismo tiempo, esa Institución presenta una gráfica de la Tasa Prima de Interés  (el mínimo exigido a los bancos) donde se
nota que dicha tasa bajó solamente los dos primeros años del gobierno de Peña
Nieto y después se empezó a disparar, hasta que hoy en día es del 8%, nivel que
no se veía desde 2008.
Esa gráfica
requiere interpretación de sus causas, entre ellas los errores calderonianos y
peñistas y la crisis inmobiliaria global, pero en este año los culpables se
llaman Trump y Reserva Federal de Estados Unidos. A otro perro con el hueso de
que AMLO es el culpable. Para colmo, la situación global no se ve muy halagüeña
para los próximos cinco años.
Ni yo inventé
la frase “sálvese el que pueda”, ni el periodista Oppenheimer es su autor, por
más que haya escrito recientemente un libro con ese título. Pero esa es la
realidad de los actuales nacionalismos, de las grandes potencias porque
necesitan dominar grandes mercados (economías de escala) a base de alta
tecnología y fuerza (economías de alcance), y de las economías emergentes
porque solamente el desarrollo endógeno parece una vía de aprovechar sus
recursos en forma eficaz.
Los
empresarios mexicanos de grandes vuelos pueden tomar la batuta, siempre y
cuando no tengan compromisos irrompibles con capitales extranjeros. Azteca,
Cemex, Bimbo, etc., combinados con un sabio aprovechamiento de tratados
comerciales y/o arrimarse a China, pueden permitirnos a los mexicanos esquivar
el desplome que ya se asoma en la economía gringa.
Nuevamente,
el sustrato de todo esto es que podamos acostumbrarnos a nivel político,
económico, social, pero sobretodo cultural, a asentir, disentir, analizar, sintetizar,
probar o disprobar(*)  nuestras ideas. No
es necesario llegar al linchamiento si el pueblo aprende a practicar en la vida
diaria el método de denunciar y esperar la réplica.
(*) Aunque le
suene feo, el término “disprobar” es terminología cotidiana en los estudios
científicos.

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