Jue. Sep 24th, 2020

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Desde La Mesa Cuatro

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Por El Parroquiano
Sumamente molesto, llegó un parroquiano de
la MESA OCHO quejándose de que por el Evento Deportivo de los Tecnológicos, la
ocupación hotelera en Celaya ha estado al 100 por ciento de su capacidad. El
Comité organizador reservó 2 mil 700 habitaciones para alumnos competidores y
entrenadores en los principales hoteles de la ciudad. A pesar de que le
hicieron notar que esto traería una derrama económica de 40 a 45 millones de
pesos para Celaya, el molesto parroquiano 
se enojó mas reclamando que “con todos los hoteles llenos… a donde va a
ir uno a desahogar sus naturales urgencias masculinas…? No se vale, exclamó
echando lumbre por… por los ojos…
Muy orgullosos estaban los parroquianos de
la MESA DIEZ, la de los deportistas, porque leyeron en una revista que, cuando
le preguntaron a Iker Casillas, uno de los mejores  porteros españoles, si conocía algún equipo
de futbol de México, confesó que sólo a uno y que no es de Primera División…
Casi gritaron de emoción cuando Iker mencionó que el Atlético Celaya era el
club  que guarda en su memoria desde
pequeño, pues dos figuras del club de sus amores, jugaron ahí… Uno de los
amargados de la MESA CINCO, les comentó con mucho sarcasmo y no poco veneno:
“pues no me extrañaría que ese españolete ande buscando trabajo…y que el día
que el Celaya ascienda lo contraten para portero…”
Uno de los parroquianos de la MESA OCHO,
preguntó a sus compañeros porque el sujeto aquél,  pálido como un muerto, siempre se sienta en
el rincón mas oscuro de la taberna y como mirando al vacío. Otro le contestó
informándole que aquel tipo era tan normal como cualquiera, hasta que una noche
que dormía en la oscuridad de su habitación, despertó a medias al sentir que algo
saltó sobre la cama. Sin abrir los ojos, pensó que era su gato. Lo sintió
arrastrarse lentamente sobre la cobija, mientras se acercaba a su cara. No
prestó atención y continuó durmiendo.
Por la mañana,  el infeliz despertó y se acordó que su gato
había muerto una semana atrás. Se estremeció y se dio cuenta que no era un gato
lo que había pasado la noche a su lado; entonces,  vio que en la almohada habían escrito: “Te
estaré observando siempre”.
Desde entonces, el pobre aquel ya no es el
mismo… Todos se estremecieron, mejor cambiaron de tema y siguieron tomando sus
copas con aire meditabundo. 
Sobre uno de los mingitorios de la taberna,
un día amaneció una leyenda, escrito con una letra de trazos góticos
escalofriantes.  Decía: “¿QUÉ ES LA
MUERTE?… SI TODAVÍA NO SABEMOS LO QUE ES LA VIDA, ¿CÓMO PUEDE INQUIETARNOS
CONOCER LA ESENCIA DE LA MUERTE?” –CONFUCIO.

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