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Héctor Gómez de la Cortina Guerrero

El domingo pasado se llevaron a cabo las elecciones más grandes en la historia de México. Creo que todos los partidos pueden presumir haber logrado una victoria pues hay distintas perspectivas desde las cuales analizar lo acontecido.

MORENA se sostiene como la principal fuerza política. Con sus aliados logra mantener la mayoría en la Cámara de Diputados, pero no la mayoría calificada, ni siquiera con sus partidos satélite para poder reformar la constitución. Es decir, tendría que acudir a la oposición si pretenden hacerle algún cambio a la Carta Magna.

Al momento de escribir estas líneas, el partido del presidente ganaría 11 de los 15 estados en disputa (Sonora, Sinaloa, Colima, Guerrero, Baja California, Baja California Sur, Tlaxcala, Campeche, Michoacán, Nayarit y Zacatecas). Un triunfo muy relevante, aunque la elección se cerró dramáticamente al final en varios estados.

En San Luis Potosí gana la alianza Verde-PT en la figura de Ricardo Gallardo, aliado del gobierno federal.

Un importante revés significará la Ciudad de México en donde pierden en 9 de las 16 alcaldías.

No es un tema menor si tomamos en cuenta que la capital de la República ha sido desde 1997 el bastión por excelencia de la izquierda.

La alianza PAN-PRI-PRD gana terreno en la Cámara de

Diputados. Se criticó en un principio la decisión de ir juntos pues se consideró ilógico y los detractores argumentaron que únicamente le daban la razón al presidente sobre que estos partidos eran lo mismo.

Sin embargo, la apuesta no fue un fracaso. Nivelaron en la cámara baja e impidieron que MORENA arrollara en las entidades federativas y otros tantos distritos electorales

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