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Novela de Heinrich Böll

Jeremías Ramírez Vasillas

Teodor Haecker  escribió: “Una catástrofe mundial puede servir para varias cosas. También para encontrar una coartada ante Dios. ¿Dónde estabas, Adán?: «En la guerra mundial»” .

        Heinrich Böll tomó la pregunta de esta cita para titular su quinta novela en la que nos narra un hecho poco conocido: durante la Segunda Guerra Mundial muchos alemanes comunes y corrientes que jamás pensaron involucrarse voluntariamente en la guerra fueron obligados a abandonar sus responsabilidades laborales y familiares y forzados a enrolarse en el ejército nazi.

Por cierto, cuando Hitler tomó el poder en 1933 Böll se negó a enrolarse en las juventudes hitlerianas y trató de evadir la guerra, pero en los últimos años, ante las bajas cuantiosas del ejército, empezaron a enrolar a la gente común; incluso a muchos niños para convertirlos en soldados. Böll fue enviado a Hungría y, como suele suceder con los escritores, tomó esa experiencia para volcarla en su obra creativa.

En ¿Dónde estabas Adán? (1951) nos cuenta los últimos sucesos de la guerra en Hungría y nos permite asomarnos para ver cómo esos no soldados vivieron, sufrieron y murieron en una guerra que no les interesaba.

        La novela se ubica en 1945 cuando las tropas norteamericanas y soviéticas avanzan imparables contra un ejército alemán derrotado que retrocede en sus líneas de combate, y los enfrentamientos ya son escasos.

        El personaje principal e hilo conductor es Feinhals, un joven arquitecto, que se mueve por la trama como un muñeco sin cuerda, jalado por los hilos de sus jefes en turno.

        El temido ejército alemán y sus implacables generales son retratados en esta novela cansados, abatidos, desalentados, que dan órdenes ya sin vigor y sin sentido.

        Geográficamente la trama se ubica en varios pueblos húngaros por donde pasan las caravanas de soldados en retirada abandonando una población civil que había aprendido a vivir con y del enemigo, bien brindando sus servicios o vendiendo diversos productos. Y esta convivencia es, en varios momentos, benéfica pues los soldados ganan bien y gastan bien, de modo que cuando empieza la retirada los húngaros ven con tristeza que están perdiendo sus mejores clientes.

        Pero esta retirada no deja de producir tragedias. Una de ellas es la que le sucede al soldado Fink, que en su vida cotidiana era un cantinero de un negocio familiar, y su jefe lo ha mandado a comprar vino de Tokay , auténtico vino, no imitaciones. Y él, como cantinero, sabe reconocer cuál es el vino auténtico de ese lugar. La novela nos narra cuando ya va de regreso y trae una maleta 50 botellas. De pronto, se empiezan a oír disparos y el camión en el que viajan se detiene y ellos bajan para refugiarse en las construcciones. En ese momento, cae una granada justo sobre Fink. Parte de las botellas se rompen y parte se salvan. El teniente que está con Feinhals y Fink toma una de las botellas y reconoce el contenido. Le parece increíble que este hombre haya muerto por cumplir un capricho de su jefe.

Pero quizá la tragedia más triste es la de Ilona, una joven judía que trabaja de maestra en una escuela que los alemanes la han convertido en hospital, pero a cuyo lugar acude todos los días, aunque no tenga alumnos, para cuidarlo. Feinhals está enamorado de ella y en los últimos instantes, antes de que sea movido, acude a verla. Ella se da cuenta que él la ama y ella, aunque se resiste, también. A Feinhals lo esperan para trasladarlo en un camión de mudanzas y ella tiene que ir a ver su familia. Cuando están por despedirse ella intuye que no se volverán a ver y deja que la abrace y la bese. Se dan unos cuantos besos furtivos en una solitaria calle donde se separan. Ella le promete que nada más ve a su familia y regresa y que la espere en el bar del pueblo. Antes de que ella regrese llega el camión de mudanzas y Feinhals tiene que abordarlo. No sospecha que Ilona va en un compartimento cerrado en ese camión con un grupo de judíos que han sido capturados y son llevados a un campo de concentración. Filskeit, el encargado de ese campo, está medio loco. Obsesionado con los coros ha descubierto el talento musical de los judíos y cada que llega un nuevo grupo les hace una prueba de voz y si cantan bien los aparta para su coro. Ilona no sólo canta bien, sino que es hermosa y tiene una voz sublime. Ante tal muestra de belleza este hombre enloquece y le vacía la carga de su pistola.

Hay personajes que han tenido una vida poco grata, como Greck, un soldado que su vida había tenido pocas alegrías y experiencias por su condición enfermiza y por el sobre cuidado de sus padres. Lo vemos deambular por un pueblo y encuentra unos columpios en el patio de una casa. Va con los dueños y les pide que le permitan usarlo y les paga por ello. Él nunca se había subido y lo anhela. La experiencia para él es tan sublime, sobre todo cuando siente el aire y el vaivén de ir de un lado a otro cada vez con mayor fuerza, hasta que el dueño se harta y lo baja.

        El pasaje más largo de la novela se da casi al final en que se narra la estancia de un grupo de soldados en la casa de la señora Susan donde tiene un negocio de comida y cerveza. Esta casa se convierte en un hotel donde los soldados se hospedan, vigilan, comen, se aburren o leen, y pasan meses sin hacer nada más que eso. La guerra está lejos de esa zona. Un día el puente que los alemanes han construido y por el que casi nadie pasa es destruido por alguien desconocido. Meses después llega un grupo de trabajadores y lo rehacen en tiempo record, pero a unas horas de haberlo terminado lo destruyen pues el ejército soviético se acerca; luego, emprenden la retirada.

        Definitivamente es una gran novela bélica que logra construir un ambiente triste, desolado, de un ejército conformado por personas que, muchas de ellas, nunca volverán a asumir sus obligaciones familiares pues, de manera absurda y enloquecida, morirán, incluso bajo las balas y las granadas de su propio ejercito, pues sus jefes, decepcionados, descargarán su ira contra sus compatriotas cuando ven que la guerra no les interesó jamás.

         Heinrich Böll, (1917-1985) obtuvo el premio nobel de literatura en 1972, a los 53 años, cuando su obra ya era bastante amplia. En total escribió 33 libros y se publicaron cinco después de su muerte.

        Yo sólo había leído Opiniones de un payaso, su obra más conocida, y ¿Dónde estabas, Adán? la tenía empolvándose por años. La compré en la década de los 80 y una vez intenté leerla, pero la abandoné muy pronto, pues no es una novela que atrape desde las primeras líneas: empieza sin ubicar la trama en el tiempo ni el espacio ni caracteriza al protagonista, pero una vez que ha construido el ambiente en el que se desarrollará la historia, es difícil abandonar la lectura.

La novela me ha gustado mucho pues me ha regalado un ángulo visión de esa guerra que no conocía.

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