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Santiago y El Rufo

Mi Rufo, actualmente trabajo con comunidades con la idea de apoyarlos en su desarrollo con base en el desarrollo económico; pero todo es paja, si la ciudadanía no participa.

R- Guarf, guarf, guarf, no me hagas reír, mi Santias, que traigo mis perrunos labios partidos. ¿Cómo pitos vas a hacer participar a la ciudadanía, acostumbrada a estirar la mano y esperar que papá gobierno les resuelva, cuando lo que tú ofertas es trabajar?

S- Ahí está el detalle, diría Cantinflas; yo no oferto trabajar, yo propongo vivir mejor; el reto es: 1.- Como comunicarlo, y 2.- Como hacer que entiendan. Me explico: cuando yo era niño y tenía copete, un juego que deseaba yo tener se llamaba Meccano, y era un juego que se autodefinía como “juego de construcción”, estaba compuesto por muchas piezas que tu armabas de manera creativa para hacer lo que quisieras: grúas, autos, camiones, edificios, poleas, etc. Si bien el juego traía algunas sugerencias, la verdad es que tú podías, con tu imaginación, hacer lo que quisieras, desde un tractor, hasta una torre de petróleo; y ahí estaba el atractivo, uno podía usar su imaginación e ingenio para construir cosas; los elementos eran ligas y bandas, ruedas, barritas metálicas agujeradas para construir y armar estructuras con ellas, también traía tornillos, herramientas, placas metálicas perforadas para dar flexibilidad al unirlas, etc. De alguna manera fue el juego

precursor del Lego, que hoy tiene productos hasta para arquitectura, pero, al ser metálico en su mayoría, te hacía sentir ingeniero constructor; y lo que hacíamos al jugar, era eso, construir y al construir, ya fuera juguetes, carritos, grúas, caminos, puentes y edificios o una rueda de la fortuna, lo que en verdad hacíamos, es lo que hace un albañil, o un ingeniero o un obrero en una fábrica de autos… Nada más que de niños no sabíamos que era un trabajo, ya que al divertirnos, lo hacíamos con gusto y al hacerlo con gusto, el esfuerzo era parte de la diversión, como correr detrás del balón en el futbol o pedalear una bicicleta; de hecho, cuando El Niño Dios (que no Santa Claus –versión gringa-), me trajo de regalo navideño mi primer bicicleta, estaba como loco de contento y no me quería bajar de ella y pregunto, ¿cuál era la diferencia entre andar feliz en mi

bicicleta nueva y repartir cartas (cartero) en bicicleta, que era un trabajo?

R- ¡Guau!, ya te entendí mi Santias; cuando hay motivación y el gusto de hacer las cosas, el trabajo no es pesado, de hecho puede ser divertido y si es divertido se hace con alegría.

S- Ese es el punto, mi Rufo, necesitamos enseñar a vivir con alegría, desde educación básica hasta educación media… Otra de mis anécdotas de niño, fue en el Kinder (ya sé que ya llovió), aún recuerdo, después de 64 años, que “en mi salón”, teníamos asignado el cuidado de un conejo, al que alimentábamos, le lavábamos sus trastes y le cambiábamos agua diariamente; y lo veíamos como juego y ni que decir, ya mayorcito, en secundaria, cuando lo mismo, el conejo, mascota de nuestro grupo, lo dormimos con cloroformo y lo abrimos en clase de bilogía; la impresión de ver el corazón del conejo dormido, latiendo, no se me olvida, tampoco el funcionamiento de sus pulmones con el conejo anestesiado; después lo cerramos y amorosamente lo cuidamos entre todos. Una de las derivaciones de ese evento, es que nunca fumé, me parecía, a los 15 años, idiota el dañar a tus pulmones con el tabaco, cosa que sigo pensando a mis 73 años.

R- Guarraguauuu, mi Santias, creo que ya te entendí, para educar y cambiar actitudes, lo que necesitamos es enseñar de forma divertida y para revertir la dependencia asistencialista, lo que requerimos es demostrar que el trabajo puede ser divertido.

S- Más aún, mi Rufo, podemos aprovechar motivadores naturales del ser humano, como la curiosidad. ¡Claro!, para ello necesitamos maestros con vocación y no busca chambas, es decir, maestros que vivan su realización personal al enseñar y que valoren más la gratificación que da enseñar a otro, como el Águila cuando ve a su aguilucho volar por primera vez y no solo el sueldo o las horas pagadas; pero ese, ese es otro asunto… ¡Así de sencillo!

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