El Brazo armado de la divina providencia

General
Por.- L.
Antonio Lavín Maldonado
El brazo
armado de la divina providencia
Dicen que la
historia la escriben los vencedores, y por lo general así ocurre. Prueba de
ello son las versiones que nos  llegan a
través de la educación convencional. Hacer héroes o villanos a tales o cuales
personajes, ha resultado muy conveniente para dejarnos ver solo una versión de
los hechos. Investigar la historia puede parecerse a jugar “teléfono
descompuesto”, debido a la ausencia de evidencias y la variedad de versiones.
Mitos, leyendas y figuras cuasi perfectas de ilustres ídolos e infames villanos,  aderezan la tradición.
 Uno de esos mitos, el de los niños héroes, lo
escuché en la primaria, en esos años  me
resultó interesante la idea de unos niños, vestidos en elegantes uniformes
azules, defendiendo el castillo de Chapultepec, armados con fusiles, espadas y
bayonetas. Pero la realidad no es como en las monografías de la papelería.
Existen personas y sucesos que se olvidan alrededor de esta batalla y toda la
guerra en general. Comenzaremos por decir lo que ya casi todos sabemos: no eran
niños, eran jóvenes cadetes y algunos ya soldados hechos y derechos, que
participaron en los distintos batallones. Juan Escutia era uno de ellos; la
historia de que se arrojó envuelto en la bandera carece de un sustento
fidedigno, además de ser poco eficiente como estrategia, pues lanzarse al vacío
con la bandera no traería solución; eventualmente, los soldados extranjeros
tomarían la bandera ensangrentada del suelo. 
En su lugar existió el  capitán
Margarito Suazo, quien durante la batalla de Molino del rey (cinco días antes
que la de Chapultepec), tuvo a bien, tomar la bandera, envolverla bajo su
uniforme y salir con  el lábaro
escondido, enfrentando  a los enemigos
durante su escape. Moriría pocas horas después, por las heridas provocadas.

El 13 de
septiembre de 1847, hubo aproximadamente 800 soldados mexicanos, unos 400
irlandeses, del batallón de San Patricio y 50 cadetes del colegio militar. Uno
de esos cadetes, era el joven Miguel Miramón, quien resultó herido, pero
sobrevivió para convertirse en un hábil general del ejército conservador (por
eso no lo mencionan mucho en la “historia oficial”). Miramón, fue un devoto
católico de notable cercanía con la iglesia. Llegó  a ser el presidente más joven de México y la
obvia contraparte de Juárez en el lado de los conservadores. Miguel Gregorio
Miramón era visto como una espereza para la causa conservadora, tanto así que
le dieron el sobrenombre  de “el brazo
armado de la divina providencia”. Finalmente, luego de derrotas, exilios y
otras calamidades, Miramón (el niño héroe desconocido), cayó prisionero en
Querétaro y para mediados de 1867, fue fusilado en el cerro de las campanas,
junto al Emperador Maximiliano y Tomas Mejía. Por azares del destino, años
después, cuando Benito Juárez murió, sus restos fueron sepultados junto los de
Miguel, su otrora némesis. Curiosidades que tiene nuestra historia. Hasta
pronto

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