El emperador Maximiliano en Celaya

General
Por. Laura Bibiana García Frías
Durante el siglo XIX la ciudad de
Celaya hospedó a distinguidos personajes, Miguel Hidalgo, Anastasio Bustamante,
Agustín de Iturbide, Benito Juárez, Nicolás Bravo, entre otros. En la década de
los 60’s de este siglo, México, por segunda ocasión, adopta el imperio como
forma de gobierno bajo la figura del Archiduque austriaco Maximiliano de
Habsburgo, quien aceptaría la corona con la condición de que se le demostrara
la aprobación del  pueblo  mexicano; fue así que la Regencia, del Imperio
con ayuda del Ejército Francés, se dedicó a recabar actas de adhesión en
diversas ciudades, para presentarlas como prueba de que los mexicanos deseaban
un emperador.
En diciembre de 1863 tropas francesas
ocupan Celaya, con el beneplácito del sector conservador la de ciudad. En
febrero del siguiente año, las autoridades acuerdan levantar un acta en la que
se exprese la dicha celayense por la aceptación del Archiduque y se describa la
ceremonia mediante la cual se rendirá homenaje al nuevo emperador; los actos consistirían
en realizar guardias de honor a su retrato, colocar el escudo de armas imperial
en el centro de la ciudad e iluminar de “la manera más elegante posible” el
Palacio Municipal.
Los Emperadores desembarcaron en el
puerto de Veracruz el 28 de mayo de 1864, una comisión  los recibió y no el pueblo entero como ellos
esperaban. En junio, la ciudad de Celaya se unió a los festejos por la llegada
de Maximiliano y su esposa Carlota a la ciudad de México, se programó una serie
de actos públicos y religiosos en los que gran parte de los celayenses
participaron. Meses más tarde y ya instalados en la capital, el emperador
decidió organizar un viaje por algunas regiones del país, se hospeda en la
ciudad de Querétaro y ante la cercanía geográfica de su Alteza Imperial,
autoridades de Celaya envían mensajes, cartas y mueven influencias para lograr
una visita  del soberano.
El 23 de agosto de 1864, el Segundo Emperador
de México, es recibido en esta ciudad por autoridades civiles en el puente del
Rio Laja junto con su guardia imperial. Una banda  de música siguió a la comitiva hasta llegar
al “puente de las monas” en el que cientos de personas lo esperaban, las campanas
de las iglesias repicaron y los celayenses vitoreaban a su Majestad, relata el
historiador Luis Velasco y Mendoza.
Durante su estancia  en Celaya, tuvo oportunidad de visitar el
templo del Carmen, El Colegio Civil del Estado, con sede en San Francisco, y
fue sorprendido gratamente al enterarse de que en esta institución se enseñaba
el sistema métrico decimal, cuando en Europa estos conocimientos eran
relativamente nuevos; otras visitas que impactaron al Emperador fueron la
cárcel y el Hospital de San Juan de Dios, en donde observó las difíciles
condiciones en las que se encontraban presos y enfermos a quienes decidió
ayudar en lo posible donando una suma de dinero. Al día siguiente concluye su
visita, se despide de los celayenses, agradece su hospitalidad y promete
regresar acompañado de la Emperatriz Carlota y continúa su viaje por la zona
del Bajío.
Los Emperadores se enfrentaron a
numerosas dificultades desde su llegada a México, sin embargo no se puede negar
el aprecio del que gozaban en algunos círculos de la sociedad mexicana, ya
fuera por la novedad y curiosidad que despertaban o porque percibían en ellos
un interés por acercarse al pueblo mexicano.

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