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Francisco Rodríguez
Dos realidades contradictorias recorren los
medios de comunicación: por un lado, las severas advertencias de que seguirá
ascendente el ritmo de la inflación, la parálisis de la planta productiva, y la
recesión económica. Por otro, las buenas nuevas de los suspirantes políticos
para el aparato exportador sobre la recuperación del peso.
‎Son dos realidades económicas y políticas
que se contradicen por sí mismas. Seamos claros, en ningún país serio podrían
convivir, sin causar estragos radicales, cuyo cuidado es dejado aparte. No
puede ser, opina la gente con tres dedos en el caletre, que convivan así nada
más, sin excluirse y definitivamente rechazarse.
No es posible que mientras tenemos un peso
competitivo, tengamos una economía en ruinas, rumbo a la extinción. Por más que
los banqueros digan que se tiene confianza en el rumbo y, al entrevistarlos,
opinen que no tienen confianza en los grumetes del barco. Son dos realidades
también excluyentes.
El valor de una moneda sólo lo soporta la
estructura económica de un país. Es una verdad de Perogrullo que a ninguno de
los toluquitas interesa. Ellos están en su juego de abalorios, y jamás
repararán en que la frivolidad sobre estas materias fundamentales puede ser tan
dañina como la ignorancia y el descuido.
La estanflación no puede ser compatible con
el progreso. Ni aquí, ni en China, o cualquier lugar que se nos ocurra.
Convivir con una alta inflación, que repercute en los más vulnerables, falta de
empleo y ausencia de productividad, mientras se asegura que el peso se
recupera, debe tener una explicación congruente, mínimo.
No es recomendable que los suspirantes
priístas abran la boca
Todos los presidenciables priístas celebran
en tono de triunfo arrasador las conquistas diarias del peso frente al patrón
dólar, mientras los responsables del control de la inflación se truenan los
dedos para atemperar su belicosidad y reconocer que así no se puede. En estos
momentos, no es recomendable de ninguna manera que los suspirantes priístas
abran la boca cuando la tempestad apenas ha comenzado.
Máxime, cuando lo que está pasando en el
terreno de la especulación monetaria pasa por encima de sus cabezas. Es más, ni
saben a qué se debe. O si algunos saben, le hacen al Tancredo para no distraer
todos los movimientos financieros que acontecen tras bambalinas. El moche se
impone, como siempre.
La estanflación no corresponde con la
apreciación del peso
‎La alta inflación, que no tiene para
cuando cesar, el encarecimiento, la falta de empleo, el cierre de plantas y
negocios, el nulo crecimiento económico, que todos pronostican no volverá a
pasar del uno por ciento del producto interno bruto, el estancamiento
productivo, y lo que usted guste añadir, no corresponden con la apreciación del
peso.
Nadie puede asegurar que seguirán las
inversiones, mientras sotto voce, los empresarios que deben efectuarlas
incriminan a los responsables en el gobiernito de que la economía no demuestre
señales de transparencia, seriedad, oficio, honestidad en el manejo del gasto,
pericia para enfrentar las dificultades, y finalmente, desconfianza en los
objetivos del propio país, que cada día agoniza en solitario.
“Economía ficción”,
para el goce y disfrute de las élites
‎Nadie se explica que si el peso está
ganando terreno, por qué entonces los productos de importación, que son casi
todos, suben acelerada y constantemente de precio, amén del encarecimiento
generalizado de todos los productos de la canasta básica para el consumo de las
inmensas mayorías de nuestra población. Y todo eso, nunca ha sido mejor
llamado, que “economía ficción”. Un aparato de relumbrón, para el consumo de
las élites.
‎Se trata de generar una sensación, un
sentimiento de inclusión y generosidad de quienes mandan entre la sociedad,
cuando la realidad es que no se gobierna para producir, menos para distribuir,
cuando todo se enfoca hacia la simple percepción, al servicio del juego de
espejos.
Todo el esfuerzo del presupuesto que
nosotros pagamos con impuestos está enfocado a la magia de las encuestas
truqueadas, al publirrelacionismo inútil de la casa presidencial, al reparto de
favores y concesiones sin límite para callar las bocas que podrían ser críticas,
a los enormes costos mediáticos de las sandeces con las que nos bombardean,
para que votemos en favor de los primitos de Peña Nieto y sus favoritos de toda
laya.
Pero todo hace agua, más temprano que tarde
Y es entonces, cuando la terca realidad nos
obliga a pensar. Cuando se les reviran sus planteamientos superficiales de
escaso alcance, cuando el gobierno es pasado a la báscula de la razón
ciudadana, cuando sufren los descalabros que todavía no alcanzan a asimilar.
Todo hace agua, más temprano que tarde.
Si pudo ser posible que la población pasara
por el cedazo oportuno las viles maniobras de entreguismo que se fraguaban en
otro país, frente a medios extranjeros, a espaldas de nosotros, ¿cómo es
posible que lo que está pasando con nuestra economía y nuestros bolsillos no
acabe siendo comprendido y juzgado por quienes lo sufrimos?
Es ingenuo y vil creer que los mexicanos
podamos tragarnos las ruedas de molino que se derivan de todas las estulticias
de los de Atracomulco. Menos, cuando ya sabemos de qué pata cojean, cómo masca
esa iguana. Ningún dinero alcanzaría para acabar con el raciocinio elemental de
una población defraudada y desesperada.
Sin el respaldo de nadie para subastar el
territorio nacional
‎Definitivamente, la realidad
estanflacionaria de la economía mexicana es producto de las decisiones
económicas, políticas y sociales de los toluquitas, pues desde que llegaron al
poder se han dedicado a sustraer el circulante monetario, implantar reformas
fiscales recesivas y gobernar sin un solo programa presentado en campaña.
Nunca obtuvieron el respaldo ciudadano para
destrozar la Constitución y arrojar como sustituto infame de lo que quedó de
ella el Pacto por México, una simple ocurrencia de políticos de la oposición
que sufrían ante la inminencia de quedarse sin hueso, fuera de todo
presupuesto. El famoso Pacto fue el salvavidas de un toluquismo sin idea ni
rumbo.
Nunca han obtenido el respaldo de nadie
para subastar el territorio nacional y escriturarlo a nombre de compañías
petroleras extranjeras, previo compromiso con sus prestanombres nativos. Nunca
han tenido la aprobación para despreciar a los connacionales desplazados,
mientras les urgen a enviar sus remesas, cada vez más importantes que petróleo,
productividad y turismo.
De CSG a EPN, han dejado al país en la
quinta pregunta
Peña Nieto, su Jefe Vi(rey)garay, El Guasón
Meade, y un grupito de empresarios que no representan a nadie se han repartido
un pastel ficticio. Hasta las promesas de compromisos como el nuevo Aeropuerto
que ahora reconocen se terminará, si es que se empieza, dentro de cincuenta
años, cuando sus choznos sigan disfrutando todo lo que se han robado ahora.
Peñistas, salinistas, zedillistas y sus
contlapaches panistas nos han dejado un país en la cuarta pregunta, sin un sólo
indicador de crecimiento verdadero. La economía, la política, el aparato
productivo, las relaciones con los mercados exteriores, el manejo de los
elementos fundamentales, no lo han conocido jamás.
Y ahora presumen de una apreciación del
peso, que se debe esencialmente al manejo de cifras y numeritos de los grandes
especuladores bolseros y financieros, que ellos protegen con leyes mercantiles,
civiles y comerciales a modo, y con un aparato ñoño de justicia penal,
administrativa y electoral.
Los trusts extranjeros perdieron la
confianza en México
La apreciación del peso no responde a los
indicadores fundamentales de esta economía en ruinas. Si acaso, es el reflejo
de la pérdida de confianza de los trusts extranjeros en los dislates de Trump,
que han provocado una bancarrota generalizada en las perspectivas de empleo y
de comercio de los Estados Unidos, mientras que aquí los toluquitas se pliegan
a todos sus caprichos.
Los tropiezos de Trump ante la solución del
destazado Obamacare, su imposibilidad de programa para ofrecer empleos
alternativos, su lucha denodada contra la razón política, corren paralelos a la
infamia del toluquismo que nunca sabrá qué está pasando fuera del alcance de
sus narices.
Ésa es nuestra cruda realidad. Lo que digan
los autollamados presidenciables, sólo son cuetes para ciegos y sordos.
¿O usted qué
hubiera hecho?, pregunta el que, ciego, da los bastonazos en Los Pinos.
Índice Flamígero: Escribe, desde Torreón,
Coahuila, don Miguel Ramírez: “Lo que está sucediendo en torno a Eva Cadena,
debe poner en alerta a AMLO. La bien señalada mafia del poder –la que algunos
entrecomillan y para ellos no existe y sólo es un grupo de antiguos boys scouts
o miembros de un club de Tobi infantil–, está haciendo hasta lo indecible para
tratar de detener al tabasqueño en su carrera hacia la Presidencia de la
República. Van con todo. Su preocupación está completamente justificada.
Morena, el partido que AMLO preside, no tiene ni siquiera tres años de haber
recibido su registro y ya encabeza las preferencias a nivel nacional para los
comicios del 2018. Delfina Gómez ya se colocó en primer lugar para ganar la
elección del Estado de México. Se dice que en Veracruz un 70% de la ciudadanía
apoya a Morena. El mismo López Obrador, obviamente, en todas las encuestas
referentes a la elección del próximo año se ubica en primer lugar y no se ve un
rival que pueda vencerlo. Por eso es que al PRIAN no lo calienta ni un cautín.
En igual situación están todos aquellos que de alguna forma reciben beneficios
del tipo de gobierno nefasto que hemos tenido desde hace décadas. EPN lleva
gastado un promedio anual de 7 mil millones de pesos en publicidad. Si AMLO
llegara a la presidencia, esta cantidad exorbitante e irracional será reducida
drásticamente y muchos serán los que resultarán afectados por ello, por lo que
ya están tomando parte en la guerra de calumnias contra López Obrador.  Éstas son tan burdas y falsas que con el paso
de muy breve tiempo desaparecen. La base que da apoyo a AMLO es muy sólida y no
se deja engañar fácilmente. Estamos en la antesala de un cambio real para
México que permitirá un desarrollo para una mayor cantidad de gente.”

www.indicepolitico.net /
[email protected] / @pacorodriguez

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