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Víctor Manuel García Flores

     En Tepexpan, en el actual Estado de México, se descubren en el siglo XX, restos óseos con antigüedad de 10 a 12 mil años. Es la osamenta más antigua encontrada hasta la actualidad, en territorio mexicano.

     Inmediatamente se le conoció como el “hombre” de Tepexpan, pero estudios posteriores determinaron que los restos son de una…mujer. Y se decía que el esqueleto tenía 10 o 12 mil años de antigüedad, pero después se investigó y se supo que ese óseo es de hace 4,600  a 7,600 años.

     Cerca de la osamenta se encontraron restos fósiles de un mamut, por lo que se dijo que el “hombre” de Tepexpan era un cazador de mamuts; pero realmente cazaban animales más pequeños y ya no había mamuts, hace menos de 10,000 años.

     El denominado hombre de Tepexpan, con nombre oficial Tepexpan, es un esqueleto de época precolombina, descubierto por el arqueólogo Helmut de Terra en febrero de 1947, a orillas del antiguo lago de Texcoco en el centro de México.​ El esqueleto fue encontrado cerca de restos de mamut y se pensó, en un primer momento, que al menos tenía una edad de 10,000 a 12,000 años por lo que fue caprichosamente aclamado por la revista Time como «el soldado más antiguo de México», aunque en 2009 un equipo de investigación propuso que el esqueleto debía estar fechado en alrededor de 4,600  a 7,600 años, basado en geocronología por uranio, después de que una datación por radiocarbono le atribuyese una edad de solo 2,000 años; con una muestra contaminada, como se demostró posteriormente.

     Investigaciones realizadas por el antropólogo hispano-mexicano Santiago Genovés​ en 2004, sugieren que el hombre de Tepexpan tiene en realidad siete mil años de antigüedad, según una publicación que hizo en el American Journal of Physical Anthropology. Asimismo, con base en el análisis de ADN, Genovés propuso que el «hombre de Tepexpan» era en realidad una mujer.

     El “hombre” de Tepexpan es un hallazgo importante para los antropólogos mexicanos, ya que es una clave importante para entender cómo era la zona del Valle de México hace casi 5,000  o 7,000 años, además de permitir datar el inicio del poblamiento del área que actualmente ocupa la Ciudad de México.

     El caso del “hombre de Tepexpan”, que se convirtió en mujer. Fue encontrado en febrero de 1947 por Helmut de Terra en los llanos de Tepexpan, estado de México, a 1.07 metros de la superficie. Se localizó por medio de la aplicación de una técnica de la geofísica diseñada por el Dr. Hans Lundberg, conocida con el término de líneas equipotenciales, que consiste en clavar en la tierra pijas unidas por cables que se unen a un generador, el cual detecta anormalidades debajo del terreno.

     Los restos óseos eran cráneo, costillas y huesos largos, que fueron estudiados por el antropólogo físico Javier Romero, quien determinó que se trataba de un individuo masculino de 1.70 metros de altura y que debió tener alrededor de 55 a 65 años de edad. Cabe señalar que a los restos, localizados, por cierto, boca abajo, se les había asignado una antigüedad de 10,000 años aproximadamente, con base en la capa geológica en que se encontraron. A partir del momento de su localización, el famoso “hombre de Tepexpan” fue el referente obligado de la presencia del hombre prehistórico en México, y por la posición que guardaban los restos se llegó a especular que había muerto posiblemente cuando pretendía cazar un mamut junto con sus compañeros. Así quedó inmortalizado en la magnífica escena en la Sala de Prehistoria del Museo Nacional de Antropología (que ha sido vista por millones de visitantes), donde se le ve muerto frente al elefante que a su vez se defendía de los atacantes.

     Pero, por la naturaleza, aquel valiente cazador se convirtió en mujer. ¿Cómo ocurrió esto? Resultando que el doctor Santiago Genovés, se dio a la tarea de volver a revisar los restos óseos del personaje y de su estudio titulado “Revaluations of Age, Stature and Sex of the Tepexpan remains”, concluyó que lo que durante años se había pensado era de sexo masculino, ahora había evidencias para considerar que se trataba de una dama. Más aún, su edad debió de ser de alrededor de 30 años y su altura solo llegaba a 1.60 metros, investigado por Genovés en 1960. Como se ve, las diferencias eran notorias y más en lo que al sexo se refiere.

     Pero no terminó ahí el asunto del señor o señora de Tepexpan. Posteriores estudios, como los practicados por el Dr. Thomas Stafford, del Laboratorio de Geofísica de la Institución Carnegie de Washington, indican que, en realidad, se trata de restos más tardíos, con una antigüedad máxima de 2,000 años. Nuevos estudios se practicaron en la Universidad Liverpool John Moores de Inglaterra y resultó tener una antigüedad de 4,600 a 7,600 años. Todo esto ha llevado a que se pierda el interés que despertara desde el momento de su hallazgo.

     Actualmente no se le exhibe en sala alguna y en el Catálogo esencial del Museo Nacional de Antropología publicado en 2011 ni siquiera se le menciona. Por lo visto, lo único rescatable de todo esto fue la aplicación de una técnica de localización que no volvió a emplearse en excavaciones posteriores, quedando así únicamente como dato curioso de la historia de la arqueología, por investigación  del arqueólogo reciente Eduardo Matos Moctezuma.

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