28 octubre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

El Llano en LLamas

4 minutos de lectura

Por. Prof Jorge Gordillo.

¡Saludos! Como
es costumbre. Del famosísimo libro de Juan Rulfo, literato mejicano, mejor
conocido y apreciado en el extranjero, digo del libro El llano en llamas, selecciono uno de los 15 hermosísimos cuentos
reunidos en este libro: 


Talpa (sus
usos y costumbres) (su lenguaje que es la expresión sencilla de un pueblo)
Leamos y gocemos esta verdadera y fina literatura: «Natalia se metió entre los
brazos de su madre y lloró largamente allí con un llanto quedito. 

Era un llanto
aguantado por muchos días, guardado hasta ahora que regresamos a Zenzontla y
vio a su madre y comenzó a sentirse con ganas de consuelo. Sin embargo, antes,
entre los trabajos de tantos días difíciles, cuando tuvimos que enterrar a
Tanilo en un pozo de tierra de Talpa, sin que nadie nos ayudara, cuando ella y
yo, los dos solos, juntamos nuestras fuerzas y nos pusimos a escarbar la
sepultura desenterrando los terrones con nuestras manos —dándonos prisa para
esconder pronto a Tanilo dentro del pozo y que no siguiera espantando ya a
nadie con el olor de su aire lleno de muerte—, entonces no lloró. 

Ni después,
al regreso, cuando nos vinimos caminando de noche sin conocer el sosiego,
andando a tientas como dormidos y pisando con pasos que parecían golpes sobre
la sepultura de Tanilo. En ese entonces, Natalia parecía estar endurecida y
traer el corazón apretado para no sentirlo bullir dentro de ella. Pero de sus
ojos no salió ninguna lágrima. Vino a llorar hasta aquí, arrimada a su madre;
sólo para acongojarla y que supiera que sufría, acongojándonos de paso a todos,
porque yo también sentí ese llanto de ella dentro de mí como si estuviera
exprimiendo el trapo de nuestros pecados. Porque la cosa es que a Tanilo Santos
entre Natalia y yo lo matamos. Lo llevamos a Talpa para que no se muriera. 

Y se
murió. Sabíamos que no aguantaría tanto camino; pero, así y todo, lo llevamos
empujándolo entre los dos, pensando acabar con él para siempre. Eso hicimos. LA IDEA DE ir a Talpa salió de mi hermano Tanilo. A él se le ocurrió primero
que a nadie. Desde hacía años que estaba pidiendo que lo llevaran. 

Desde hacía
años. Desde aquel día en que amaneció con unas ampollas moradas repartidas en
los brazos y las piernas. Cuando después las ampollas se le convirtieron en
llagas por donde no salía nada de sangre y sí una cosa amarilla como goma de
copal que destilaba agua espesa. Desde entonces me acuerdo muy bien que nos
dijo cuánto miedo sentía de no tener ya remedio. Para eso quería ir a ver a la
Virgen de Talpa; para que Ella con su mirada le curara sus llagas. Aunque sabía
que Talpa estaba lejos y que tendríamos que caminar mucho debajo del sol de los
días y del frío de las noches de marzo, así y todo quería ir. La Virgencita
daría el remedio para aliviarse de aquellas cosas que nunca se secaban. Ella
sabía hacer eso: lavar las cosas, ponerlo todo nuevo de nueva cuenta como un
campo recién llovido. Ya allí, frente a Ella, se acabarían sus males; nada le
dolería ni le volvería a doler más. 

Eso pensaba él. Y de eso nos agarramos
Natalia y yo para llevarlo. Yo tenía que acompañar a Tanilo porque era mi
hermano, Natalia tendría que ir también, de todos modos, porque era su mujer.
Tenía que ayudarlo llevándolo del brazo, sopesándolo a la ida y tal vez a la
vuelta sobre sus hombros, mientras él arrastrara su esperanza. Yo ya sabía
desde antes lo que había dentro de Natalia. Conocía algo de ella. Sabía, por
ejemplo, que sus piernas redondas, duras y calientes como piedras al sol del
mediodía, estaban solas desde hacía tiempo. 

Ya conocía yo eso. Habíamos estado juntos
muchas veces; pero siempre la sombra de Tanilo nos separaba: sentíamos que sus
manos ampolladas se metían entre nosotros y se llevaban a Natalia para que lo
siguiera cuidando. Y así sería siempre mientras él estuviera vivo.  Yo sé ahora que Natalia está arrepentida de
lo que pasó. Y yo también lo estoy; pero eso no nos salvará del remordimiento
ni nos dará ninguna paz ya nunca». Esta es literatura pura, escrita por un
mejicano. Nos leeremos en la próxima. 

Deja un comentario