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 Arturo Miranda Montero

¿Ya le puso cara y nombre al político que estará frente a usted en estos tiempos?

México ha elegido –para bien o para mal- a un presidente de la República, a 128 senadores que representan el llamado Pacto Federal y a 500 diputados (representantes directos –casi- nuestros-); además, en ciertos estados, como Guanajuato, debemos sumar a otros cargos políticos: un gobernador, 36 diputados y 46 ayuntamientos (integrados por unos trece miembros, más o menos).

Lo que hayan hecho para ascender a esos cargos es parte de su historia personal, historia a la que tendremos que ir una y otra vez a preguntarle cosas de tal o cual persona.

Es en la biografía de cada quien en donde se encuentran los motivos y las razones, pero, sobre todo, los comportamientos durante el ejercicio de sus encargos.

Si antes de este siglo de interconexiones ser político implicaba un altísimo honor, ahora, cuando la inmediatez del tiempo real nos acerca al cualquier individuo, ser político es estar en un escrutinio cuasi microscópico: todo se puede saber o inventar.

La empresa demoscópica Consulta Mitofsky ilustra cómo las aprobaciones de los presidentes mexicanos, los gobernadores y los presidentes municipales vienen a la baja aceleradamente este siglo: el presidente anda en 18%, los gobernadores promedian 31% y los presidentes municipales en 32%. Es evidente el desapego y la malquerencia de los gobernantes respecto a nuestros ánimos.

¿A poco los que llegan van a remontar al alza nuestra aprobación? Bueno, será cosa de ver cómo se comportan de aquí en adelante. Pero confieso que yo no soy nada confiado…al tiempo.

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