Por. Prof Jorge Gordillo.
¡Saludos alegres! Siempre estará a nuestra disposición aquel
autor fantástico que ha escrito para los niños alguna ingeniosa historia.
“Todas las noches, cuando ya estoy acostado listo para dormir, el señor
Cosquillas viene a visitarme. 
Siempre llega de manera diferente. Calladito,
calladito, como si fuera a cazar una presa muy querida, se desliza hasta mi
cama y captura mis pies en su red de plumas. Entonces, una alocada risa me sube
a la cabeza por las piernas como si, de paso al hormiguero, desfilaran veloces
las oficiosas hormigas con el botín de la miel. Cuando la noche es fresca,
cantando, silbando, el señor Cosquillas me anuncia que, ahora, me invadirá una
alegre tonallida.

Por atrás de las orejas, por el cuello me envuelve con la
suave brisa de sus manos. Alguna vez, un huracán con fuertes vientos ataca mis
cosquillas, mi panza, mis axilas. 

Me vence con una lluvia fina que me moja, me
moja de la risa. De repente, el señor Cosquillas llega serio, seco, como si
llevara muchos días caminando en un desierto. Con sus dedos fuertes rasca mis
plantas para abrir un surco en mis pies y dejar sembrado ahí un rosal, una
azalea, una flor. Duende travieso, también sabe saltar sobre mi cama. Y ataca
por todas partes. No hay defensa posible. Viene acompañado de chapulines que
brincan por el frente, por la retaguardia, y hacen estallar mis carcajadas en
uno, dos, tres, mil fuegos artificiales. 
Siento una gran emoción cuando en
medio de la selva una serpiente se arrastra silenciosa por debajo del árbol
donde duermo. Trepa lentamente para tomarme por sorpresa y, primero, con suaves
tarascadas devora un pie, el otro, una pierna, la otra. Poco a poco me come por
completo. Ocurre que algunas veces me duermo antes de que el señor Cosquillas
aparezca. La mañana siguiente sé que vino, porque he soñado que mi oso de
peluche me acariciaba la nariz. Ciertas noches, el señor Cosquillas tarda y yo
espero. Tarda más y yo espero más. No viene. Pero entonces. . . aparece papá. 
Me da un beso en la frente y dice: –Mañana. Mañana el señor Cosquillas te llevará
en su costal de risa. Ahora duerme y no esperes más.” Pocas veces tengo la
oportunidad de recomendar más de una historia. Leamos ahora lo siguiente: “Una
doctora estadounidense, Jane Hill Robertson McCarroll, vivía cerca de una
carretera muy peligrosa, en Indio, California. En 1912, decidió pintar una
línea de un kilómetro en medio del camino para ayudar a los automovilistas a
mantener su lado derecho. A la comisión de autopistas de California le gustó
tanto la idea que pintó líneas en todos los caminos. Así nacieron las
divisiones de las carreteras en EE.UU. 
Virgilio, el autor de La Eneida, celebró
un funeral por una mosca y erigió un mausoleo en su recuerdo. Todo ello se
debía a que una reforma agraria iba a expropiar a los dueños de tierras no cultivadas,
a excepción de las que contuvieran tumbas, que serían consideradas territorio
sagrado. Con la tumba de la mosca, Virgilio logró salvar sus tierras. El
criador de perros Bladimir Batista, de Republica Dominicana, tiene más de 80
Chihuahuas. A todos les asigna nombres de famosos, como “Obama”, “Hilary” y
“Rómulo”. Cuando el Imperio Romano alcanzó su máximo esplendor, su red de
caminos y carreteras alcanzaba los 80.000 kilómetros. Leonardo da Vinci podía
escribir con la mano derecha y con la izquierda… ¡al mismo tiempo! Alejandro
Magno murió en Babilonia, tan lejos de su patria (Macedonia), que para evitar
que su cuerpo se descompusiera en el traslado, tuvieron que conservarlo con
miel. En Inglaterra se realizó una encuesta para determinar cuál es el peor
sonido del mundo. El resultado ganador: el ruido que hace una persona al
vomitar.” Nos leeremos en la próxima.

Ficha Técnica: Titulo: El Señor De Las Cosquillas, Autor:
Rosalia Chavelas, Editorial: Alfaguara, Precio: $100.00, Capturista: Miriam
Vanessa Guerra López.