Dom. Sep 27th, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

El solitario de Los Pinos

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Por: Miguel Alonso Raya
Golpeado por el desastre que significó la visita a México de
Donald Trump; Enrique Peña Nieto tuvo que aceptar la renuncia de Luis
Videgaray, secretario de Hacienda y Crédito Público, quien pasó por encima de
los responsables de Gobernación y Relaciones Exteriores y convenció al primer
mandatario de la conveniencia de invitar al candidato republicano a la
presidencia de Estados Unidos.
Peña Nieto intenta recuperar credibilidad porque al invitar
a Trump levantó una ola de críticas en su contra a nivel nacional e
internacional y dañó las relaciones con la candidata demócrata, Hillary
Clinton.
Reacio a los cambios a pesar de que los malos resultados de
su gobierno y los escándalos de corrupción que lo han colocado como uno de los
presidentes peor evaluados en la historia reciente; EPN tuvo que prescindir de
los servicios de Videgaray, quien lo acompañaba desde que fue gobernador del
Estado de México y del que se especulaba era uno de sus preferidos en la lista
de aspirantes del PRI rumbo a las elecciones del 2018.
El otrora secretario de Hacienda había logrado fortalecer
sus posibilidades colocando como dirigente de su partido a uno de sus aliados,
Enrique Ochoa Reza, luego de la renuncia de Manlio Fabio Beltrones, producto de
las derrotas priístas en las elecciones del 5 de junio.
El error garrafal de haber gestionado la visita de Trump
significó su inesperada caída. No fue fácil para Peña Nieto. Si cabe el símil,
fue tanto como amputarse la mano derecha porque eso representaba Videgaray para
él.
Quien fuera titular de Hacienda asumió un rol determinante
en decisiones estratégicas en la actual administración desde la discusión del
Pacto por México, la gestión de las reformas que emanaron del mismo, hasta la
definición y conducción de la economía.
Justamente, la mala instrumentación de las reformas y los
pésimos resultados de la política económica son dos de los muchos aspectos que
se le cuestionan al titular del Ejecutivo Federal, quien sostuvo a su amigo a
pesar de las críticas.
La soberbia, la intolerancia, la frivolidad y el análisis
simplista a la hora de tomar la decisión de invitar a Trump le costaron muy
caro al presidente y a Videgaray. Desencajado, con la confianza y la iniciativa
perdida, confrontado con la cúpula empresarial y eclesiástica y con un gabinete
dividido; Peña Nieto luce hoy como un solitario en Los Pinos luego de verse obligado
a sacrificar a quien se presumía su más capaz, confiable y leal colaborador.
La cuestión es que si bien este cambio en el gabinete es
importante por lo que significa, no es una solución de fondo porque en términos
generales Peña Nieto tiene un equipo de colaboradores deficiente en la mayoría
de las áreas de su gobierno.
Estas modificaciones no resuelven los problemas que enfrenta
el país en rubros que tendrían que atender dependencias tales como la
Procuraduría General de la República (PGR); Desarrollo Agrario, Territorial y
Urbano (Sedatu); Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); Educación
Pública (SEP); entre otras.
En estas y otras instituciones lo que más urge es un equipo
eficaz, por lo que se espera que las rotaciones en las secretarías de Hacienda
y de Desarrollo Social sean apenas el principio.
Lo que el presidente debería de considerar es el impulso de
un acuerdo con las diferentes fuerzas políticas para integrar un gabinete con
personalidades expertas en diversos sectores, que reflejara la composición
plural del país y que construyera las condiciones para recuperar la
gobernabilidad.
Esto permitiría preparar un equipo para la alternancia que
garantizara el ejercicio pleno de la democracia en las próximas elecciones
locales y federales.
Si Peña Nieto no comprende la relevancia de asumir
decisiones urgentes como esta, que ayuden recuperar la estabilidad económica,
política y social; corremos el riesgo de que entregue el país en pedazos al
ganador de los comicios presidenciales del 2018, y eso no le conviene a nadie.
El riesgo es que a dos años que termine el sexenio, la
combinación de la debilidad del Jefe del Estado, las presiones de los poderes
fácticos y la pérdida de confianza de las autoridades; podría sentar las bases
para profundizar la ingobernabilidad y colocaría en peligro los avances
democráticos que tanto le han costado a la nación y a los mexicanos.

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