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Jesús Sosa León

En la política internacional, hay actos
para los cuales no vale responder con diplomacia, sino enfrentarlos con
valentía, dignidad y unos pantalonzotes muy bien fajados.
A un tipo grosero y prepotente como el
presidente Donald Trump no se le puede contestar con la mirada baja y el
pensamiento mediocre, como tal parece el estilo de Enrique Peña Nieto.
Desde muy temprano de este martes, el
presidente estadunidense lo anunció alborozado en su cuenta de Twitter: “ Among
many other things, we will build the wall!” Con signos de admiración para darle
mayor énfasis, el burdo empresario lo anunció para su agenda del infame día miércoles:
“Entre muchas otras cosas, construiremos el muro!!”.
Ya en rueda de prensa, Sean Spicer,
vocero de la Casa Blanca, reiteró que para el presidente Donald Trump es una
prioridad la construcción del muro, que además es promesa de campaña.
Mediante una orden ejecutiva, Donald
Trump endureció radicalmente los controles de inmigración y canceló los fondos
para las llamadas “ciudades santuarios” que protegen a los inmigrantes
indocumentados, Chicago y Nueva York, entre otras.
Trump justificó la barbaridad argumentando
que se pondrá freno al “aumento sin precedentes de la inmigración ilegal
procedente de Centroamérica, que está dañando tanto a Estados Unidos como a
México”.
Reiteró que la construcción del muro
comenzará “en meses” y que México tendrá que pagarlo.
Una de las acciones ejecutivas, indica
que Estados Unidos  podría restringir la
ayuda a México para reembolsar el monto de la construcción.
En el colmo de la intromisión, Trump
asegura que el muro también va a ser bueno para nosotros porque propiciará un
México muy estable y muy sólido”; cuando 
le recordaron la negativa de Peña Nieto al pago,  Trump hasta desdeñó el pronunciamiento y
respondió que el mandatario mexicano no puede decir otra cosa: “Él tiene que
decir eso”.
Por ello, y porque Trump –sin diplomacia
cual ninguna-  cometió la grosería de hacer
su anuncio justo cuando el canciller Luis Videgaray arribaba a Washington para
iniciar diálogos con ese gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto debe
cancelar ese viaje. De otro modo, va a confirmarle al pueblo mexicano que sigue
practicando la política de agachada ante el poderoso y que, sin dignidad
alguna, irá  a suplicar clemencia del
prepotente mandatario gringo. 
Jorge Castañeda,  que hace años fue canciller de México, lo señaló
en los medios: “Peña es un presidente débil en un país débil durante un momento
débil, pero debe tener agallas”.
La pregunta es: Peña Nieto tendrá
agallas???.

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