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Enrique R. Soriano Valencia
Durante
esta época es común intercambiar mensajes. Desear a nuestros familiares, amigos
y conocidos buenaventura es actividad regular. Sin embargo, buena parte de esos
mensajes estuvieron llenos de imprecisiones gramaticales u ortográficas. La
pretensión no es incomodar, sino crecer a partir de reconocer los fallos. Lo más
importante es que los errores no opacaron los buenos deseos. Estos llegan y
llenan de regocijo el corazón. Sin embargo, pudieron haberse escrito bien,
pudieron ser impecables.
La palabra
‘Navidad’ siempre debe escribirse con mayúscula inicial, pero no así el
calificativo ‘navideño’. La primera porque es el nombre de una festividad.
Todos los nombres propios deben iniciar con mayúscula. En raros mensajes, pero
los hubo, vi escrita diferente esa palabra. Sin embargo, los derivados fue
regular verlos inapropiadamente enunciados. Los sustantivos propios (conocidos
también como nombres), cuando se convierten en otro tipo de palabras (ya no
sustantivo) se escriben con minúscula, no conservan la mayúscula al principio.
Por ello, ‘navideño’ inicia con minúscula (adjetivo). Es como el caso de
‘Cantinflas’ (nombre propio), pero ‘cantinflesco’ (adjetivo) o ‘cantinflear’
(verbo) se escriben con inicial minúscula.
Con la palabra
´Nacimiento´ se hace sobrentender el del Cristo. Por eso, se enuncia con
mayúscula inicial (antonomasia). Pero si se enuncia completo, «El nacimiento de
Cristo», ese vocablo pasa a minúscula porque ya no está haciendo sobrentender a
qué nacimiento se alude.
Ahora,
cuando se aplica ese término para la representación con figurillas (en España
le llaman ‘belén’ en vez del ‘nacimiento’), se escribe con minúscula inicial
porque hay cientos de esas representaciones. Por tanto, pasa a ser un nombre
común.
También fue
común observar solo signos de admiración de cierre y más de tres en muchas
frases navideñas. En español, tenemos signos de apertura en la admiración y en
la interrogación. De esta forma es posible identificar la intención desde el
inicio del enunciado y no hasta el final. Muchas personas suelen registrar varios
al cierre para intensificar su exclamación. Sin embargo, para dar mayor
intensidad, el Diccionario panhispánico
de dudas
(Academias, 1985) en la entrada de «Signos de admiración e
interrogación» enuncia que son admisibles –para dar fuerza– escribir tres al
principio y tres al final: «¡¡¡No!!!» Es innecesario usar más de tres porque ya
estos dan idea de intensidad mayor a la normal (incluso se conceptúa como la
prolongación de la última vocal).  
Asimismo,
también señala que, para reflejar con mayor fidelidad los diversos matices
expresivos, como una interrogación con intensidad, es posible combinar esos signos:
«¡¿Qué?!» o «¿¡Qué!?»;  incluso, «¡Qué?»
(al igual que empezar por el signo de interrogación).  Todos estos últimos usos, son considerados
modernos, a pesar de que tienen ya treinta años de haber sido enunciados por
las Academias).
Los puntos
suspensivos son solo tres. Observé que en muchos mensajes recurrían a más de
los reglamentarios. El suspenso no se prolongará si incluimos mucho. Eso solo
gastará tinta y el efecto es el mismo. Nadie se detiene a contar si en vez de
veinte alguien colocó doce para calcular el grado de suspenso. Eso es absurdo.
Por lo tanto, son solo tres, ni uno más.
Por último,
es común también escuchar decir «El primero de enero» para referirse al día que
inicia el año. Los números de orden no aplican en los días. Los ordinales solo se
usan cuando hay alguna razón para distinguir jerarquía, por ejemplo en una
competencia («El primer lugar en el juego fue…») o un orden muy estricto (En el
segundo aniversario de la empresa los regalos fueron fabulosos). Por lo tanto, para
referirse al día de inicio del año debe ser «uno de enero». Lo mismo pasa en
los otros meses.
En este
mismo sentido, solo en inglés los meses se escriben con mayúscula inicial; en
español, tanto los nombres de los días como los meses del año, así como las
estaciones (primavera, verano, invierno y otoño) deben escribirse con minúscula
inicial.

A pesar de
los temas propios de esta columna, no soy indiferente a los problemas
nacionales: «gasolinazo» es un vocablo bien construido. 

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