Francisco Xavier Clavigero

General

Por.- Pedro Salmerón
El 9 de septiembre de 1731, en el
puerto de Veracruz, nació uno de los más importantes constructores de la idea
de nación en México: el ilustre sacerdote jesuita Francisco Xavier Clavigero.
Clavigero realizó profundos
estudios de teología, filosofía, letras y lenguas en los diversos colegios y en
el noviciado de la Compañía de Jesús, y ya ordenado sacerdote, se convirtió en
uno de los maestros más prestigiados de los colegios de la Compañía en México,
Valladolid (hoy Morelia) y Guadalajara. Fue entonces cuando extendió sus
estudios hacia las ciencias físicas y naturales. Su trabajo como profesor se
complementó con el estudios del pasado prehispánico, su conocimiento del
nahuatl y otras lenguas indígenas, y su labor como catequista y defensor de
indios. Su trabajo docente y lo que hoy llamaríamos de investigación influyó en
uno de los más señalados alumnos del colegio de Valladolid: el joven
guanajuatense Miguel Hidalgo.
Los trabajos de Clavigero fueron
bruscamente interrumpidas en 1767, cuando un decreto del ilustre monarca Carlos
III expulsó de todos los dominios de la corona española a los jesuitas.
Clavigero, como otros sabios jesuitas mexicanos, fijó su residencia en Italia,
primero en Ferrara y definitivamente en Bolonia.
Fue en su destierro cuando Clavigero
emprendió su magna obra, la «Historia Antigua de México», que junto
con las “Disertaciones” que la acompañan, constituyen el más ambicioso y
abarcador estudio sobre la antigüedad mexicana escrita en mucho tiempo. En él,
Clavigero es el primer historiador que además de ensalzar las antiguas
civilizaciones prehispánicas, ve en los indígenas de su tiempo los herederos
naturales y legítimos de aquella grandeza y esplendor, a pesar de la triste
situación real en que los habían colocado los europeos, poniendo a los indios,
en términos filosóficos, a la misma altura y dignidad que el resto de los
hombres.
La investigación para escribir
esta obra la había iniciado Clavigero en México y la continuó en Italia, y fue
en ese país donde Clavigero leyó las obras de filósofos entonces en boga,
encontrándose con la aclamada tesis de la inferioridad física y moral de
América y de los habitantes del continente americano. El profundo nacionalismo
que había llevado a Clavigero al rescate de la no escrita historia antigua de su
patria, lo llevó por el mismo camino a refutar con energía semejantes tesis,
que el llamó calumnias y escribió, según el mismo dijo, “para restituir a su
esplendor la verdad ofuscada por una turba increíble de escritores modernos de
la América”. En esas labores lo sorprendió la muerte, en abril de 1787. Su obra
sigue siendo un clásico imprescindible para acercarnos al pasado mexicano. Hoy
lleva su nombre el premio más importante que en este país se otorga a los
historiadores.

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