Dom. Sep 20th, 2020

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Juntos llegamos más lejos

Guanajuato, Escenarios Políticos.

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Arnoldo
Cuellar
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acerca de Análisis Político Botepronto Zona Franca.M
Carlos
Medina Plascencia, Dedazo, Gran Elector, Juan Carlos Romero Hicks, Juan Manuel
Oliva, Miguel Márquez Márquez, PAN, Sucesión Estatal 2018, Vicente Fox Quesada,
Yunque
Miguel
Márquez, el gran elector
In
Botepronto, Zona Franca.
Humberto
Andrade quería “sacar a Márquez” de la selección de candidatos; hoy el
dirigente y los aspirantes más visibles a relevarlo se mueven en la órbita del
gobernador y de su estrategia sucesoria.
Hace unos
meses, el dirigente panista estatal, que llegó al cargo por obra y gracia de un
arreglo cupular al que puso en jaque el activismo solitario de un nostálgico
yunquista como Gerardo de los Cobos, afirmaba que una de sus prioridades era
llevar la decisión sobre la candidatura al gobierno al seno del partido, para
impedir la injerencia del gobernador Miguel Márquez.
El discurso,
como suele ser en estos tiempos, quedó atrás muy rápido. La semana pasada
Humberto Andrade fue el mensajero que defendió la posición de Miguel Márquez
para que en León no se diera una contienda abierta por la presidencia del
partido.
Pero no solo
eso. Andrade también fue el portador de un veto explícito, otro más en su
carrera, para J. Guadalupe Vera, el exitoso empresario zapatero al que los
panistas de alcurnia siguen viendo por encima del hombro por no formar parte de
la casta divina leonesa. Lamentablemente, el propio Vera ha caído en esa
estigmatización al aceptar una y otra vez las exclusiones de que lo hacen
objeto.
La presión
de Andrade, o mejor dicho, de Márquez a través del dirigente partidista,
aumentó cuando Luis Ernesto Ayala, él si miembro del olimpo blanquiazul, se
negó a participar en una contienda abierta donde no solo era incierto el
resultado, sino que además se percato de que estaba siendo utilizado como un
peón del juego de precandidatos que ya está abierto en Guanajuato.
La batalla,
sin embargo, no es frontal. Por una parte, el gobernador Márquez trata de
situar lo mejor posible a su delfín Diego Rodríguez Vallejo sin abrir del todo
las cartas pero permitiendo un activo juego subterráneo desde las estructuras
del gobierno, donde ya se perfila una cargada burocrática, que no panista, a
favor del secretario de Desarrollo Social.
Por la otra,
Márquez mantiene puentes abiertos con Fernando Torres Graciano, quien se
resiste también a romper claramente con quien fuera su secretario general como
dirigente del partido y a quien parece que todavía confía en convencer de su
proyecto.
Así, por
parte de ambos precandidatos, e incluso de los potenciales terceros en
discordia entre los que se encuentra, vaya paradoja, el propio Humberto
Andrade, todo confluye en un hecho irrefutable: el actor político más
importante del PAN en el proceso de sucesión gubernamental es el gobernador
saliente, Miguel Márquez Márquez, en torno a quien giran las expectativas de
todos aquellos que aspiran a sucederlo.
La
situación, como lo he dicho en otras ocasiones, es inédita.
Vicente Fox
llegó a la gubernatura en contra de un Carlos Medina que quería convertir el
interinato en un sexenio completo.
Juan Carlos
Romero Hicks, que tenía el apoyo de Fox precandidato presidencial, debió vencer
una conspiración del gobernador interino Ramón Martín Huerta en apoyo de su
rival, Eliseo Martínez Pérez.
Juan Manuel
Oliva luchó y venció al gobernador Romero y al presidente Fox, que respaldaban
a Luis Ernesto Ayala y Javier Usabiaga, respectivamente.
Miguel
Márquez debió sobreponerse, con ayuda del propio Torres Graciano, a las
veleidades de Juan Manuel Oliva, que un día lo inclinaban hacia su secretario
de Gobierno, Gerardo Mosqueda y otro hacia su encargado de Desarrollo Social.
Además enfrentó y derrotó a otro favorito presidencial: José Ángel Córdova.
Hoy, está
solo Márquez como gran elector, de modo que la intención de Humberto Andrade de
excluirlo del proceso ha muerto antes de nacer. Al mejor estilo del dedazo priista,
Márquez y su conciencia resolverán el trance panista de postular un heredero
del poder.
El proceso
entonces se ve mediado por la subjetividad de un mandatario que seguramente no
querrá dejar cabos sueltos que lo incomoden cuando regrese a la vida civil o si
aspira a incursionar en la política nacional.
Nunca como
ahora se había visto al PAN de Guanajuato atado a los deseos, los temores y las
expectativas de un solo individuo. Miguel Márquez, quien lo dijera, ha llevado
a su partido a las sofisticaciones del despotismo priista más depurado.
Naturalmente,
no lo ha hecho solo. Le han ayudado mucho las complacencias, las complicidades
y el achicamiento de la clase política que lo rodea.

La pregunta
que subsiste es: ¿si el PRI ha cansado tanto a los ciudadanos de todo el país y
no se diga de Guanajuato, tiene futuro un PAN travestido de tricolor?

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