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¡Saludos ingeniosos! Este libro es un ejemplo del ingenio
humano. Una muestra de lo que es capaz la imaginación humana. Un modelo del
manejo del idioma cuando se tiene la riqueza intelectual. Leamos: “Desde que
nació, Ele Chiquita fue la más alta de las letras minúsculas. Otras letras eran
altas también, pero no tanto como Ele. Era tan, pero tan alta, que tenía que
agacharse para entrar en todas partes, hasta en los libros. 
Tener su altura
podía ser divertido. Por ejemplo, a veces se asomaba por las ventanas de las
casas y en los días de viento, le gustaba atrapar papalotes. Aunque también
tenía sus desventajas, como que todos la podían ver. Y a veces, a uno no le
gusta que lo vean. Además, le costaba trabajo encontrar ropa de su tamaño. 
Y a
los pájaros les daba por hacer nidos en su cabeza. Pero lo más incómodo para
Ele era que se sentía muy diferente de las demás letras, porque tenía que
verlas hacia abajo o no las escuchaba cuando hablaban en voz bajita. Y con las
letras de su misma estatura, no se llevaba muy bien que digamos. Por eso, un
día, Ele decidió ya no estar tan derechita.   
Al principio, nadie se dio cuenta, pero
después… eran las nueve de la mañana y el uniforme de Juanín Jiménez ya estaba
sucio de chocolate. Y en el salón de segundo, la miss Margarita le pidió a Luli
Linares que leyera la primera línea del libro de lecturas, en voz alta. Pero
Luli Linares no pudo leerla. La miss Margarita le pidió a Bruno Bodoque que
leyera en voz alta la misma línea. Pero Bruno Bodoque no pudo leerla. Entonces,
la miss Margarita le pidió a Malú y a Rodrigo que leyeran en voz alta, y
después, a Julio, a Cristina, a Margarita y a José. Pero ninguno pudo leer la
primera línea del libro de lecturas. 
La miss Margarita no entendía lo que estaba
pasando, por eso tomó un libro e intentó leer ella misma. Trató de leer una
vez. Y después otra. Y otra. Pero tampoco pudo. Algo increíble había pasado:
¡la letra ele se había agachado en todos los libros de la clase! A las diez y
media de la mañana era hora del recreo, y el uniforme de Juanín Jiménez ya
estaba lleno de mermelada y de mostaza. 
La miss Margarita y el resto de los
profesores se comían las uñas en la sala de maestros. La Ele se había agachado
en todos los libros de la escuela. -Yo creo que los libros ya están muy viejos
y por eso las letras están empezando a descomponerse – dijo el maestro Horacio.
-Pues yo no sé cómo le voy a hacer para dar mi clase de caligrafía -dijo la maestra
Rocío. -Seguro fue Gerardo, ese niño siempre hace travesuras, ¡pero esta vez
fue muy lejos! -dijo la maestra Yolanda. -Sea lo que sea, tenemos que
arreglarlo pronto -dijo la directora. Los maestros estaban muy nerviosos y no
quisieron regresar a los salones de clase. 
El recreo duró horas más. Cuando la
mamá de Juanín Jiménez pasó a recoger a su hijo de la escuela, su uniforme
tenía tantas manchas encima que parecía un sándwich de mil sabores. Por su
parte, Ele pensaba que se veía muy bien agachada. 
Ahora las demás letras la
veían diferente. Y eso era muy importante. Sobre todo cuando se acercaba a la
letra que siempre le había gustado. 
Ella era la letra de sus sueños: olía a
azucenas, era artista, agraciada, alegre y abierta, era A”. Nos leeremos en la
próxima. El Pilón Filosófico: “Leer es un
ocio productivo”.
FICHA TECNICA – TITULO: HISTORIA
DE ELE CHIQUITA / AUTOR: JAVIER PEÑALOSA / EDITORIAL: SM / PRECIO: $141.00 /
CAPTURISTA: MARIA JOSE PANTOJA HERRERA

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