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Por. José Luis Ramírez

Engañar a México ya no es fácil. Las palabras de los
políticos mexicanos nuevamente han perdido su valor. Hay un doble sentido, o
sentido contrario entre lo que expresan en público, y lo que hacen en privado.
Su tarea más importante es convencernos de que menos es más. Más violencia, más
impunidad, más robos, más corrupción, más dolor, más llanto, más crímenes lo
traducen como la excepción de la regla.

Cuando hablan, el México atroz que estamos viviendo, se
convierte en un país de retos y oportunidades. Todo lo que nos afecta, en sus
mensajes siempre está controlado o está disminuyendo. Ese es su trabajo,
convencernos, negar lo que vemos y padecemos. Negarnos los números, las
estadísticas, los muertos, los desaparecidos.
Su trabajo es negar y negarse a ellos mismos en su doble
papel de cómplices y ejecutores. A los partidos políticos y al gobierno, en la
opinión del común de la gente, se les considera como lo más corrupto de nuestro
país. Según las encuestas, si en este momento se pudiera remover al Presidente
por su desempeño, más del 70% de los mexicanos lo pondría en la calle y no le
darían ni las gracias. Igualmente, si se pudiera mandar a los legisladores a
ganarse el pan con el sudor de su frente, la gente lo haría con la mano en la
cintura. La pregunta obligada, es ¿cómo le hicieron para representarnos en el
gobierno? Desde luego, mintieron.
La forma de convertir este clima de violencia e impunidad
nacional, en una fantasía color de rosa, es el dinero. Para construir esta
mentira, “la administración peñista gastó más de 14 mil 663 millones de pesos
en publicidad oficial tan solo en los dos primeros años de su sexenio”. En el
2015, Peña Nieto informó a la Comisión Permanente, que en el año que terminó,
se ejerció un presupuesto de 7 mil 400 millones de pesos en campañas de
comunicación de las dependencias.
Darle eco a las palabras de los políticos para que sea
posible escucharlas, nos costaron 22 mil 63 millones de pesos en tres años,
equiparable a una quinta parte del presupuesto para Desarrollo Social en este
año. Y aun así, el anzuelo publicitario, desde luego, muy pocos se lo tragan
(-30%). Pero ni a los partidos políticos, ni a este gobierno les importa,
mientras la publicidad engañosa sea un gran negocio que por todos lados les
beneficie. Hundir a México, en la mentira tiene su costo.

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