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Jeremías Ramírez Vasillas
Escribe Jorge Luis Borges al final de su
prólogo de su libro El oro de los tigres que “un idioma es una tradición, un
modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”.

¿Será por eso
que la mexicanidad, la hispanidad, la argentinidad, etc., es algo que se define
con y por el lenguaje?

Si bien,
mexicanos, españoles, latinoamericanos, hablamos español ¿podríamos decir que
cada país ha transformado el idioma para convertirlo en un sistema que responde
a su propio modo de sentir? ¿Será por eso que las traducciones, si no son
traiciones son —en el mejor o peor de los casos—, reinvenciones?

¿Y será
también posible que cada grupo social, que cada familia y que cada persona
ajuste el idioma a su modo particular de sentir, de tal modo que las palabras
tienen un significado similar entre los hablantes de un idioma, pero nunca
igual?

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